La firma de la paz

La firma de la paz

Diciembre 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Gran parte de la opinión pública y los medios utilizan este calificativo para referirse a la firma del acuerdo que actualmente se discute entre el Gobierno y el grupo subversivo de las Farc, en La Habana. Durante la campaña presidencial pasada se propaló esta falacia, para diferenciar a quienes eran partidarios de la elección del Presidente Santos, de los demás candidatos. Se acusó de enemigos de la paz a sus adversarios. Fueron estrategias sugeridas por asesores para ganar adeptos; lo grave es que posteriormente se consideren como axiomas. El acuerdo, sin duda, consolida la paz entre los agentes del Gobierno legítimamente constituido y el grupo subversivo, siempre y cuando sea ratificado por la mayoría de los votantes en el plebiscito. Se trata de un paso gigantesco en el camino hacia la paz. Hemos padecido durante cinco décadas, toda clase de ataques criminales planeados y ejecutados por las Farc para desestabilizar al Gobierno. Sin embargo, el pacto que se logre firmar no constituye por sí mismo la paz. Para nada es conveniente excesos de optimismo, que nos conduzcan a posteriores frustraciones.Como primera medida sería utópico pensar que el 100% de los subversivos acate las órdenes de sus jefes. Algunos se reincorporarán a otros grupos delincuenciales. Son personas entrenadas desde temprana edad para ganarse la vida con la fuerza de las armas. No todas se someterán a un cambio radical de vida que demanda sacrificios, acompañado de posiblemente menor seguridad en sus ingresos.La subversión ha florecido en la periferia, donde no hay desde hace mucho tiempo presencia del Gobierno, no se conoce la justicia, las escuelas, si existen, son de tercer orden, los hospitales de nivel 4 solamente tienen presencia en la imaginación, donde no hay comunicaciones con el resto del país, donde la desesperanza y la falta de oportunidades de progreso se han instalado sin remedio. Recuperar esas zonas va a requerir mucho tiempo e ingentes recursos, además, exige un cambio de mentalidad de ciento ochenta grados por parte de nuestros gobernantes. ¿Será esto posible?El censo agropecuario, recientemente divulgado, nos indica que subsisten diferencias siderales de ingresos entre quienes habitan en la periferia y sus cabeceras municipales, y otro gran bache, entre dichas cabeceras y las ciudades que concentran la mayor parte de la población en Colombia, entre las cuales Bogotá se sitúa en la cúspide. Las normas gubernativas y económicas vigentes perpetúan dichas brechas. El Gobierno se encuentra excesivamente centralizado. Todas las soluciones y controles provienen de la Capital. Los funcionarios del Gobierno Nacional que van de visita a la provincia lejana, viajan en la mañana y regresan en la tarde. Así no se podrán disminuir las diferencias existentes de bienestar.Otra desgracia que nos agobia es el narcotráfico. Infortunadamente se trata de una lucha en que las fuerzas del mal son muy bien remuneradas, además se trata de un negocio internacional con ramificaciones, en donde Colombia no tiene jurisdicción. Mientras exista este nefasto negocio y las políticas actuales para combatirlo, no disfrutaremos la paz. Aún falta mucho pelo para el moño. La felicidad no radica en ignorar los problemas, demanda enfrentarlos y superarlos. ¡Feliz año!

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