La edición dominical

La edición dominical

Junio 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Como un bálsamo refrescante, como la brisa que baña el cuerpo de los transeúntes y levanta las faldas de nuestras hermosas mujeres en el Puente Ortiz en el ocaso de las tardes caleñas, como el champús helado que satisface la sed y el hambre después de un ejercicio agotador, así sentí e interpreté la edición del domingo pasado de El País.El deber del buen periodista es informar la realidad, indagar para encontrar la verdad y contarla con objetividad, sin embargo no pocos colegas se empeñan en destacarse por describir solamente el lado oscuro de la moneda. En ocasiones nos dejamos llevar de cabestro por nuestras pasiones y convecciones afectivas, ignorando las razones y los hechos que contradicen nuestros paradigmas.El ego es como un gallo que canta todas las mañanas para sobredimensionar nuestra autoestima, dándonos la razón en todas nuestras opiniones, menospreciando las personas que nos contradigan y minimizando sus argumentos. Para ser equilibrados y ponderados en nuestros juicios de valor, debemos torcerle el pescuezo a diario.En el periodismo contemporáneo existe una gran preocupación por el rating (frecuencia de lectura). De su éxito depende en buena parte el prestigio del medio de comunicación. Para lograrlo, a menudo se echa mano del escándalo o la chiva, hermanas del vituperio. Llama más la atención el pecado que la virtud, el reparo que la aprobación, el agravio que el elogio. En nuestra comarca esta proclividad se acentúa. ¿Qué difícil se nos hace juzgar objetivamente a nuestros paisanos?, recurrir a palabras elogiosas o de encomio es la excepción, solo se emplean en los obituarios. Por el contrario con qué naturalidad, en ocasiones con satisfacción, se destruye la reputación.En mi casa paterna, se hacía tertulia alrededor de la mesa del comedor y cuando alguno de los contertulios lanzaba críticas a la conducta de alguna persona, mi madre preguntaba socarronamente si esa persona tenía alguna virtud o se le conocía alguna actuación plausible, lo que le hacía caer en cuenta al criticón, que también era necesario mirar la otra cara de la moneda para ejercer la ponderación. El desarrollo y el consecuente bienestar de la población se fundamentan en sus fortalezas, de ahí la importancia que constituye identificarlas y valorarlas para construir sobre ellas. Se pretende superar nuestras falencias y debilidades. Otro componente primordial es la sana autoestima, en especial cuando se contagia. Lo anterior no se logra con la prevalencia de la crítica hirsuta e injustificada.Sin duda el prestigio y el buen nombre juegan un papel trascendente para el progreso. Para atraer el talento y la inversión es indispensable la credibilidad y la confianza, por consiguiente la reputación se convierte en un requisito esencial. Claro está que en esta excepcional ocasión se omitieron nuestras falencias. En la vida no todo es color de rosa, falta mucho por rectificar y realizar, pero la edición del domingo fue una fructífera advertencia, para estimular una visión positiva. “Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.

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