La desgracia de Venezuela

Mayo 03, 2017 - 12:24 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Para comprender por qué ha durado tanto tiempo el presidente Maduro en su cargo a pesar de su impopularidad, tenemos que remontarnos a los inicios del gobierno del expresidente Chávez, cuando fue elegido legítimamente por el voto popular. Reinaba entonces un ambiente de descrédito de las instituciones gubernamentales y en general de la casta política de adecos y copeyanos, los dos partidos que se repartieron el poder durante 40 años. También existía una desconfianza generalizada sobre la honestidad de las autoridades.

Los gobiernos socialistas descubrieron un camino para consolidarse en el poder, además de practicar el asistencialismo, y nacionalizar las empresas. Lo primero que hicieron fue convocar y aprobar una nueva constitución que se ajustara a sus pretensiones. En el caso del chavismo, poco a poco, designaron a sus más leales partidarios, en las cortes y en los mandos de las fuerzas armadas. De esta forma se rompió la norma de la división de los poderes. Dichas instituciones hacen lo que diga el jefe. Modificaron las circunscripciones electorales para favorecer a sus candidatos en las elecciones parlamentarias. Al mismo tiempo que se estableció la censura, expropiaron los medios de información independiente y crearon cadenas de propiedad del Estado. Instituyeron las denominado milicias bolivarianas, un grupo de paramilitares y como si todo esto fuera poco, encarcelan a los líderes de la oposición. En las elecciones rechazaron las veedurías imparciales.

De esta manera consagraron un modelo gobierno, simple y llanamente dictatorial. El país pasó de ser una nación democrática rica, a convertirse en un desastre económico, en 18 años de autocracia, con escasez de alimentos y medicinas y toda clase de elementos básicos de consumo. Tiene el récord de ser el país con la inflación más alta del mundo.

Venezuela por desgracia, cuenta con un jefe de estado agresivo y desafiante. Un jefe de Estado corrupto y corruptor. De los millones de dólares que Odebrecht pagó como sobornos en Venezuela, nada se ha sabido, y para colmo de males nombró a su hijo como Zar Anticorrupción. Venezuela es, hoy en día, un exportador de estupefacientes, que ostenta un jefe de Estado aferrado al poder, como si la presidencia le perteneciera por derecho propio.

La represión no tiene límite, hasta ahora han sido asesinados 29 manifestantes, heridos cientos de ciudadanos que protestan pacíficamente, mediante efectivos de las Fuerzas Armadas y los francotiradores de los llamados Colectivos.

Ahora se propone llamar a una nueva constituyente, elegida de tal manera que evita el derecho al voto directo de cada ciudadano, como una nueva alternativa para desviar la opinión pública, con el fin de continuar en el poder. Además de otorgarle poder a las organizaciones de base que él designe para elegir a los constituyentes, mientras la constitución sesione no se podrán realizar elecciones. Se desconoce el período durante el cual estará reunida. La oposición la ha rechazado con vehemencia y ha manifestado continuar en la calle exigiendo las elecciones de gobernadores y de presidente aplazadas, libertad a los presos políticos y la destitución de los magistrados que firmaron el golpe de Estado.

Difícil predecir cuál va a ser el final de esta tragicomedia.

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