La competencia

Noviembre 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Hace un par de semanas se presentó en Bogotá el sexto informe anual de competitividad elaborado por el Consejo Privado de Competitividad, entidad constituida por 29 de las empresas del país con actividades en toda la geografía nacional. El estudio trata de evaluar nuestra capacidad para competir internacionalmente. Durante este período veníamos mejorando lentamente, sin embargo en el último año perdimos puestos, en comparación con las demás naciones.El país se viene abriendo cada vez más en términos económicos, mediante el desmonte de los gravámenes para importar o exportar. Hemos adoptado la globalización, y continuamos firmando convenios de libre comercio con un buen número de Estados. Eso está bien, siempre y cuando el Gobierno y los regionales cumplan con sus deberes. Al sector privado le corresponde reinventarse continuamente para equiparar su eficiencia con sus contendores del exterior.La capacidad para competir de tú a tú es importante, pues de no ser posible, la producción de los bienes y servicios emigra, disminuyendo así la capacidad de dar empleo, esto ocurre cuando es más barato producir en el exterior que en Colombia. Me refiero únicamente a los bienes transables, o sea los que forman parte de la corriente comercial, los cuales constituyen algo más del 55% del aparato productivo del país. Existen otros bienes como los minerales que se producen donde exista el recurso, además claro está de aquellos cuyo costo de transporte con relación al precio del producto es muy elevado, por lo consiguiente por razones económicas debe manufacturarse o prestarse, si constituye servicio, a poca distancia donde se consume; por ejemplo, los ladrillos o las lavanderías.Para medir nuestra capacidad competitiva se analizaron no pocos factores, el informe del Consejo contempla 15, como educación, salud, pensiones, productividad laboral, tasa de cambio, infraestructura, justicia, sistema tributario, etc. Ante los límites que impone una columna periodística me referiré a unos pocos.Nuestra tasa de cambio se ha revaluado en los últimos años, lo cual implica que para mantener la competitividad, las empresas se ven forzadas a mejorar su eficiencia en la misma proporción. La tasa de cambio pasó de $2.800 por dólar a $1.700, una revaluación del 60% en pocos años, por consiguiente la eficiencia debió mejorarse, sin lograrlo en muchos casos, en el 60% para mantener los mismos precios en dólares. La Justicia deja aún mucho que desear. Si bien es independiente, lo cual no es cierto en algunos países vecinos, continúa la impunidad y la inseguridad jurídica. Los desacuerdos entre las Cortes lo corroboran. La corrupción es otro de nuestros males endémicos, que sin duda, interfiere en las relaciones comerciales. En las licitaciones, los contratos de obras públicas no se los ganan los más eficientes, sino los que más delinquen. Capítulo aparte merece la precariedad de la infraestructura y su incidencia en los costos. El flete terrestre entre Cali y Buenaventura por kilómetro, es el más alto que se conozca; la carretera continúa construyéndose a ritmos paquidérmicos y el ferrocarril es una quimera.La mayor parte de nuestra actividad económica se lleva a cabo por fuera de la formalidad, con la consecuente ineficacia que es de esperarse. Ni qué hablar de la educación, donde si bien se ha ampliado la cobertura, ocupamos vergonzosos lugares en la medición de los niveles académicos de los colegios.

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