La Avenida Colombia

Noviembre 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

El hundimiento de la circulación vehicular de la Avenida Colombia se ha convertido en un tema polémico. Cuando se discute este proyecto, la defensa o la crítica se efectúa con cierto apasionamiento, lo cual no es reprochable; la ciudad les pertenece a todos los que la disfrutan o la padecen, razón por la cual sus habitantes tienen el derecho a opinar sobre sus transformaciones.Este proyecto no es novedoso. Hace ya varios años las administraciones municipales anteriores habían contemplando la posibilidad de realizarlo. La diferencia con el actual es la extensión del hundimiento, ahora se contempla un tramo mayor, desde la Calle 5 hasta la Ermita. Con la extensión del proyecto surgen cuestionamientos sobre la conectividad vehicular entre el centro y el noroeste de la ciudad que demandan una ilustración más convincente.El río Cali es un hilo conductor de nuestro desarrollo urbanístico, además constituye buena parte del encanto de la Sultana. Protegerlo, engalanarlo y permitir el disfrute, bien vale la pena. La Avenida Colombia carece de semáforos y de pares, desde la Calle 5 hasta el edificio de la Policía, este hecho la convirtió en una vía de tránsito rápido. Es oportuno preguntar si el MÍO sustituye o no el cúmulo de buses y camperos de servicio público que en la actualidad la congestionan. Hoy en día la Avenida carece de circulación peatonal en su sentido longitudinal en el trayecto del soterramiento. No existe ningún atractivo que invite a recorrerla, por consiguiente los edificios que tienen su frente hacia la vía, muestran señales evidentes de deterioro. No encuentran clientes para sus locales. La carencia de circulación peatonal inhibe su utilización. Se le abona al proyecto la desaparición de tres espantosos puentes peatonales que son como bofetadas a la imagen de la ciudad; dejan de ser necesarios.Sin embargo, existen dudas fundadas sobre el proyecto. Una es su valor. Se trata de una obra muy costosa, por consiguiente debe justificarse con argumentos convincentes. Otra, es la garantía de que no se invada el espacio público que se rescata. La duda se fundamenta en que la Alcaldía ha carecido de la autoridad para defender el espacio urbano que le pertenece a toda la ciudadanía. Las calles y las aceras del centro de Cali se encuentran invadidas de vendedores estacionales, quienes se han convertido en virtuales dueños del espacio público. Claro que es un problema social que debe atenderse por parte del Gobierno de una manera adecuada, facilitándoles a esos microempresarios encausar sus negocios hacia la sostenibilidad, pero no a costa de las vías y los andenes absolutamente indispensables. Otra duda que espanta a los caminantes es la seguridad. ¿Quién se atreve a transitar una vía, si existe un riesgo alto de que lo atraquen?Un cuestionamiento importante es la evacuación de las aguas, particularmente en los momentos de las crecientes, puesto que el soterramiento está diseñado por debajo de los niveles de las aguas del río. Me imagino que existen soluciones de ingeniería para estos casos, existen túneles por debajo de mares y ríos, pero se desconoce la solución elegida y su grado de confiabilidad. Se trata del proyecto que producirá la mayor trasformación de cuantas han sido contempladas en el plan de las megaobras. También es aquel que causará el mayor trauma a la circulación vehicular, por lo tanto el tiempo de construcción y las soluciones transitorias son críticas. La gran duda es si la ciudadanía aceptará las incomodidades en el plazo acordado, de año y medio.

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