Gas de esquisto

Agosto 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Esquisto es una roca de color negro azulado que tiene atrapado gas natural en el subsuelo. También se denomina gas de pizarra. En inglés lo llaman shale gas. ¿Por qué escribir sobre un tema tan extraño para muchos? En mi caso, me enteré de su importancia hace poco tiempo. Recientemente tuve la oportunidad de leer en la revista The Economist una interesante separata sobre el tema. Hace apenas una década las reservas mundiales de gas natural se calculaban que durarían 50 ó 60 años; teniendo en cuenta las del gas de esquisto, el tiempo se prolongará 150 años más. En el futuro oiremos mencionar con frecuencia esta fuente de energía que abunda en nuestro planeta y sustituye a otros productos energéticos. El talón de Aquiles económico de los Estados Unidos es la dependencia del petróleo importado. Cerca del 50% de su consumo proviene del exterior; 8,5 millones de barriles diarios son enviados desde diferentes países hacia Norteamérica. No es de extrañar que sea precisamente esta nación la que ha perfeccionado la tecnología de la extracción del gas de esquisto en los últimos tiempos. Dicha tecnología era casi desconocida hace muy pocos años. En tan solamente una década se ha logrado aumentar su producción hasta suplir un tercio del consumo total de gas. Sin embargo, no solamente ha sustituido al gas importado, también parte del carbón y del petróleo. Una considerable generación de energía eléctrica de los Estados Unidos se produce con dichos combustibles. El meteórico aumento de su consumo se debe primordialmente al precio atractivo. Hasta ahora la proliferación en el uso de dicho gas se ha extendido en el mercado de los EE.UU., sin embargo existen abundantes reservas en otras geografías.El gas de esquisto produce menos dióxido de carbono en su combustión que el carbón mineral, por lo cual su uso ocasiona un menor efecto invernadero, fenómeno crítico para la conservación del medioambiente.Según The Economist, de replicarse el consumo en otras naciones, el Siglo XXI podría calificarse como el siglo del gas, de la misma manera que el XX fue el del petróleo.No todo es color de rosa, los procesos de producción para extraer el gas entrañan riesgos medioambientales, si no se toman las debidas precauciones. Las consecuencias de malas prácticas se manifiestan en el agua o en la atmósfera vecina a los yacimientos. Hasta ahora he mencionado algunos efectos económicos o técnicos, no obstante, los impactos más importantes son aquellos que van a producirse en las relaciones internacionales. Los EE.UU. serán cada vez más autosuficientes en el suministro de energía, por consiguiente necesitarán cada vez menos el suministro de los países petroleros. En los últimos años ha disminuido en un millón de barriles diarios sus importaciones. Si se extiende la dinámica de producción del gas de esquilo a otras naciones, como es de esperarse, los precios actuales del carbón y del petróleo se afectarían. El caso de China es definitivo, se trata del mayor consumidor de carbón de mundo, 40% de la producción total y tiene reservas inmensas de gas de esquisto. Una reducción de los precios de los combustibles y sus derivados modificará los balances del poder político actualmente vigentes. Quizá se disminuirían las tensiones entre el Occidente y el Oriente. Los EE.UU. dejarían de inmiscuirse en los países árabes. El bienestar que estamos disfrutando en Colombia gracias a los precios de nuestras exportaciones de carbón e hidrocarburos se vería vulnerado en el mediano plazo.

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