Futuro con obstáculos

Diciembre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

En los dos últimos meses del año, ocurrirán en Colombia dos hechos, que tendrán repercusiones trascendentes en nuestro futuro. Se trata del acuerdo del Gobierno con las Farc, acogido por mayoría en el Congreso, cuya implementación, sin duda, sacudirá la opinión pública. Son temas polémicos que perturbarán la vida cotidiana de nuestro devenir político, social y económico. Como si esto fuera poco, se discute actualmente la reforma tributaria, de pronóstico reservado. Todo lo que afecta el bolsillo de los ciudadanos, enciende las alarmas.Un hermano mío, tuvo la desgracia de tener un hijo secuestrado, y la alegría posterior, de verlo salir ileso, gracias a un exitoso operativo militar. El resultado de esa escaramuza produjo varios muertos, donde el cautivo estuvo a punto de perecer. En una ocasión me confesaba: Es difícil perdonar, pero se logra, -en su caso, por convicción cristiana-, lo que no he podido aceptar, es que personas pertenecientes al grupo secuestrador, ahora sean funcionarios del gobierno, y tengan el poder de intervenir en nuestros destinos, y nosotros el deber de obedecerlos.En el acuerdo final estipula que: “la imposición de cualquier sanción, ni inhabilitará para la participación política, ni limitará el ejercicio de ningún derecho, activo o pasivo, para lo cual las partes acordarán las reformas constitucionales pertinentes.” Se trata de cualquier delito, ignora la gravedad. No importa la conducta anterior, ni los crímenes cometidos, los exguerrilleros podrán ser nombrados o elegidos para cualquier cargo en el estado. Cuando comiencen a ejercitarse estos derechos, va a ser muy difícil aceptar su autoridad, para un gran número de ciudadanos, al margen de las convicciones políticas que tengan.Menciono solamente uno de los puntos del Acuerdo. Cierto es, que se trata de uno que no ha sido aceptado por los dirigentes de la campaña de No, pero no va a ser el único que levante roncha cuando sea aplicado. Las opiniones son diversas, sobre los distintos temas del acuerdo, y así van a ser las controversias: múltiples, agrias y mediáticas. Una cosa es leer el acuerdo, y otra, muy distinta, aceptarlo en la práctica.Aún no sabemos lo que va a ocurrir con la reforma tributaria presentada por gobierno ante el Congreso, lo qué si estamos seguros, es que será modificada. La norma ha sido, que lo que se aprueba, se distancia de lo que se somete al Congreso; en un tema tan sensible, no puede ser diferente. Ojalá tienda a disminuir las profundas brechas económicas que padecemos. No me embarga un espíritu pesimista. De circunstancias parecidas o peores hemos salido adelante. Recordemos el Caguán, la cárcel de la Catedral, el poder indestructible de Pablo Escobar, el asesinato de Galán y de otros dos candidatos a la Presidencia, la toma de poblaciones, los secuestros y las bombas. Durante varios años fuimos calificados como un país inviable. Saldremos abantes, pero no exentos de contusiones.No es que pretenda practicar el adagio de que: “mal de mucho consuelo de tontos”, sin embargo, en estas incertidumbres vamos estar acompañados por los EE.UU., cuando comience a ejercer la Presidencia al señor Trump. Una cosa son sus declaraciones altisonantes, y otra, distinta, serán sus actos presidenciales. El temor de sus ciudadanos y de la humanidad entera es evidente.

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