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Diciembre 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Por fortuna me encuentro en una etapa de la vida en la que los insultos hacen poca mella. A riesgo de que me ensarte en el rosario de sus odios obsesivos, es mi deber desvirtuar infundios o distorsiones de la realidad.El abogado Bejarano dice que “su silencio cómplice consintió semejante atrocidad”, refiriéndose a que según su versión, varios empresarios vallecaucanos habían solicitado a Simón Trinidad que en lugar de secuestrar empresarios secuestraran políticos, lo cual me pareció insólito. Como ignoraba la incriminación, me di a la tarea de averiguarlo. Ocurre que entre los empresarios a los que se refiere, se encontraban Jorge Herrera, Ernesto De Lima y Ricardo Villaveces. Consulté con ambos supérstites, quienes me afirmaron que era falso lo que sostenía el Sr Bejarano. Yo francamente le doy total credibilidad a ellos en lugar de a un delincuente, no así él.La información contenida en el libro de Enrique Gómez, ‘¿Por qué lo mataron?’, a la cual hice referencia en mi anterior artículo, que ofendió tanto al abogado Bejarano, se encuentra en la página 39. Se trata de relatos extraídos de las siguientes fuentes: el libro ‘El presidente que se iba a caer’ de Mauricio Vargas, Jorge Lesmes y Edgar Téllez publicado por Planeta; el libro de Santiago Medina, ‘La verdad sobre las mentiras’ publicado por la misma empresa; y un editorial del Nuevo Siglo escrito por la víctima, el Dr. Álvaro Gómez, el jueves 3 de agosto de 1995. Son transcripciones fidedignas de dichas fuentes. Esta información está consignada en el pie de la correspondiente página. En uno de los párrafos de las transcripciones dice, “el director del DAS, Ramiro Bejarano, me visitó en el calabozo y pidió al vigilante no dejar constancia de su ingreso”. En otro se afirma, “Sin mayor tacto, Bejarano me advirtió que el tratamiento de que fuera objeto y mi integridad personal dependían de la forma en que yo manejara la situación a partir de ese momento”. Después de escuchar estas versiones es difícil de aceptar que el Sr. Bejarano visitó al Sr. Medina para solicitarle que dijese la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, desestimando la suerte del gobierno. El abogado Bejarano me cataloga como un laureanista intolerante, otra afirmación equivocada. Nunca milité en ese movimiento, ni tampoco en el alvarismo, siempre he sido un conservador raso, sin embargo esto no me impide apreciar y admirar la trayectoria de un brillante periodista y un político destacado como fue Álvaro Gómez, además de lamentar profundamente la forma vil como fue asesinado. Creo que es deplorable la manera como se ha llevado la investigación y urge que la Justicia haga lo que estime necesario para esclarecer este misterio.Francamente no se comprende qué tiene que ver en este enojoso asunto la mención en su artículo del actual gobernador del Valle, Dr. Francisco Lourido y el alcalde electo, el Dr. Rodrigo Guerrero. Como diría su ilustre paisano “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. En una comunicación que el Sr. Bejarano me envió a mi computador, me confundió con mi primo, Adolfo, lamentablemente fallecido hace nueve años.Por la falta de asertividad de sus apreciaciones, tengo el presentimiento que a algunas personas que moran más cerca de las estrellas se les produce miopía cuando dirigen su mirada hacia la provincia.Como estimo inconveniente que las columnas de opinión se utilicen para ventilar asuntos personales, esta es la última vez que escribo sobre este libelo.Mil gracias por los mensajes de solidaridad que he recibido.

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