El proceso de paz

Junio 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Existe una confianza infundada en algunas personas en las negociaciones que se están llevando a cabo entre Gobierno y las Farc. Piensan que una vez firmado el documento, como tocado con una barita mágica del Hada Madrina, surgirá la paz en todo el territorio colombiano. No visualizan que para lograr la paz se requiere transitar un camino más arduo y más largo. Un acuerdo con las Farc es un paso adelante, pero para alcanzar una convivencia plena, se requieren cambios más profundos, una política de Estado que trascienda el gobierno de turno. No soy tan optimista como para creer que todos los efectivos de las Farc van a desmovilizarse, habrá disidencias. Unas personas adoctrinadas desde temprana edad en rechazar como injusto el sistema de gobierno actual, entrenadas para cometer delitos, secuestros y asaltos, acostumbradas a que la fuerza de las armas les da poder y estatus, donde las instituciones del gobierno simplemente no operan, imposible que de la noche a la mañana el ciento por ciento de sus miembros cambien sus patrones de conducta.Quizás lo más importante para no creer que la verdadera paz se logre con el acuerdo, se fundamenta en que el narcotráfico continuará. No pocos de los miembros de la guerrilla participan en este nefasto negocio. Conocen cómo funciona, quiénes producen la droga, los canales de distribución (las rutas), en fin, conocen el negocio y las ganancias inmensas que deja, donde no existen actualmente otras oportunidades de progreso. Están habituados a operar desde la clandestinidad. Además, la inseguridad producida por las bandas criminales del narcotráfico continuará, mientras el lucrativo negocio persista. Para consolidar la paz es necesario erradicar el narcotráfico, la corrupción, disminuir las brechas económicas y extender la institucionalidad a todo el territorio colombiano. No basta con llevar los órganos represivos a zonas marginadas, se requiere que haya justicia, educación, salud y oportunidades de empleo en dichos territorios. No es por casualidad que las Farc sean más fuertes donde la institucionalidad gubernamental no existe. De firmarse el acuerdo, como todos quisiéramos, se requiere la refrendación de nuestros compatriotas para que tenga validez. Con el fin de lograr una voluntad mayoritariamente favorable se requiere que los términos pactados sean potables para la opinión. Nada fácil. La actitud reciente del grupo subversivo lo está haciendo cada vez más difícil, además existen escollos, aún sin dilucidar, como la justicia transicional. Entre más torres vuelen y más derramamiento de petróleo contamine las aguas, menos aceptación habrá del posible acuerdo. Es preferible continuar las negociaciones, siempre y cuando las Farc se abstengan de cometer actos terroristas inexplicables. Una crasa equivocación concebir un escenario, como se ha venido consolidando, por actuaciones acolitadas por el partido del gobierno, donde la opinión pública se divide en dos bandos, los amigos y los enemigos de la paz. Más equivocado aún es adoptarlo como tema de política partidista. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas quieren la paz, se trata de un anhelo nacional. Más acertado sería luchar arduamente para construir un acuerdo nacional suprapartidista. Finalmente para alcanzar la paz también es necesario lograr un acuerdo con el ELN.

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