El poder del petróleo

Octubre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

El llamado oro negro es un elemento indispensable en nuestra vida cotidiana. La inmensa mayoría de los vehículos que transportan carga o pasajeros, hasta hoy en día, requieren de este combustible líquido para su propulsión. Lo mismo ocurre con las naves marítimas y las aéreas; su suministro es vital tanto para la movilidad local como para la internacional. Muchos lugares del mundo aún dependen de plantas térmicas para producir energía eléctrica. No podríamos prender un bombillo, ni comunicarnos por un teléfono celular, ni llegar hasta nuestros hogares o lugares de trabajo, ni prender una estufa para la cocción de los alimentos, sin el suministro del petróleo, en su estado líquido o gaseoso. Ni qué pensar en el trastorno que se produciría en la fabricación de cualquier producto sin su abastecimiento. Si tomamos en consideración la amplia utilización de los plásticos, cuya materia prima es el petróleo o el gas, el impacto sobre la manufactura de bienes materiales sería de magnitud inconmensurable. La carestía de este indispensable combustible crea pánico e histeria. Basta constatar las larguísimas colas que se forman en las estaciones de gasolina cuando se sospecha de que se va limitar su venta. Se ha tratado de sustituir este combustible por otros medios, las energías renovables, como la eólica y la solar, el alcohol carburante, sin embargo el reemplazo ha sido en una proporción mínima, teniendo en cuenta la demanda agregada. Además existen campos donde las nuevas fuentes de energía aún no se sospecha que sea posible que puedan sustituir al petróleo, como en el caso del transporte aéreo. Otra característica bastante ignorada del petróleo se fundamenta en su inmenso volumen, lo cual lo convierte en un producto muy costoso de almacenar, requiere de espacios de dimensiones colosales. Los EE.UU. dicen que tiene unas cavernas, que le permite sobrevivir hasta seis meses, sin suministros, lo que parece dudoso, países como el nuestro no toleraría una escasez de más de tres semanas sin que se presenten graves problemas. Por esta particularidad el riesgo de su carestía crea pánico y la abundancia de producción derrumba su precio. Si no se puede almacenar, ni utilizar los excedentes, su valor está sujeto a variaciones de magnitud. Su cotización es intrínsecamente volátil.Cuando los precios estaban altos, los países poseedores de las reservas petroleras, ejercían una inmensa influencia. Una de las fortalezas que tuvo Rusia para constituir la Unión Soviética fue la de poseer la llave del suministro de combustible. Gobiernos hegemónicos como los de Irán, Iraq, Nigeria, Venezuela y Arabia Saudita, ejercieron su influencia, gracias, en buena parte, al poder que les otorgaba controlar la industria petrolera con precios elevados, lo cual les permitió disponer de recursos abundantes para mantener satisfecha a su población a base de dádivas. Ahora que los precios son bajos se les esfumó su sustento y enfrentan graves dificultades económicas. El caso de Venezuela es patente. Mientras contó con precios altos del petróleo, ejerció un poder evidente de liderazgo continental, ahora en cambio su gobierno está tambaleando, ha perdido el respaldo popular.Cuando el poder político y el económico se amalgaman, sin restricciones, las consecuencias son funestas, destruye la democracia.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad