El peatón

El peatón

Septiembre 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

El peatón es aquel ser humano de carne y hueso que se desplaza por las aceras, en medio del bullicio de una ciudad vibrante. En Cali, el caminante disfruta de un clima ideal para transitar por sus propios medios.En un pasado, no muy lejano, en nuestra ciudad era un hábito placentero salir a caminar por algunas vías, con relativa frecuencia, después de cumplir con las obligaciones cotidianas. Los andenes y los parques recibían la visita de los transeúntes, que afluían a disfrutar del descanso vespertino. Estos lugares se convertían en puntos de encuentro de amigos y conocidos que comentaban las ocurrencias del día y los chismes ciudadanos. Los sitios más emblemáticos para disfrutar de este descanso eran la Avenida 6, el Paseo Bolívar, la colina de San Antonio, la Avenida Colombia, el parque San Fernando y la Plaza de Cayzedo, para sólo mencionar algunos.Infortunadamente la inseguridad que creció, como la sombra cuando se desplaza el sol, ahuyentó de las vías públicas a los caminantes del pasado. Ahora la mayor parte de la población se comprime en un bus urbano, otros se cuelgan como racimos de plátano en un vetusto campero, no pocos utilizan una moto y los menos, su carro particular, para salir disparados hacia sus casas u otros lugares cerrados. Desaparecieron los paseantes. El crecimiento de la ciudad ha tenido alguna incidencia en el comportamiento social que se suscitó, pero existen otras razones que también han influido notablemente, a las cuales quiero referirme.Los gobiernos municipales le han dado prelación al transporte mecanizado y se ha relegado al rincón del olvido al ciudadano caminante. Todas las preocupaciones se orientan hacia las vías que transitan los vehículos, hacia su mantenimiento, construcción y mejoramiento se destina la inmensa mayoría de los recursos económicos. Podemos afirmar que en la ciudad no existe ningún plan de andenes. Curioso, ya que se trata de inversiones modestas, más al alcance de comunidades con escasos recursos, que los proyectos de gran envergadura, para mejorar la infraestructura vehicular. Además, el más beneficiado con un programa de aceras es la gente del común, quien probablemente carece de recursos para adquirir una moto o un carro, o simplemente desea caminar. Se ha observado con beneplácito que los jardines verdes se han multiplicado en la ciudad. ¿Por qué, entonces, no mejorar las vías de los transeúntes para que los disfruten, en lugar de verlos a través de las ventanillas de los vehículos?En nuestra urbe no existen andenes, y los pocos que quedan los usurpan los carros, o los vendedores ‘estacionales’ para sus actividades, o los establecimientos industriales y comerciales para ampliarse. ¿Cuando será que se respete el espacio público y se construyan verdaderas aceras peatonales? La gran mayoría parecen caminos de herradura pavimentados, llenos de obstáculos y toda clase de trampas, sin ninguna continuidad. Y ni pensar en los minusválidos, pues los pocos que existen, carecen de rampas para las sillas de ruedas.Rehacer nuestros caminos peatonales se puede lograr, y demanda definitivamente menos recursos que muchos de los programas que está acometiendo actualmente la alcaldía. El alcalde Peñalosa en Bogotá dio el ejemplo, al rescatar los espacios necesarios para construir verdaderas alamedas que se disfrutan gastando solamente la suela del zapato. De esta manera se puede restituir el aspecto amable y humano que prevaleció en el pasado en Cali.

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