El cónclave

El cónclave

Marzo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

La Iglesia Católica ha atravesado tiempos turbulentos. La elección del Romano Pontífice fue presa de intervenciones indebidas. En el pasado, los gobiernos de las naciones competían para ser aliados del Papa. La Iglesia ostentaba una gran influencia política. Existieron Papas indignos de su investidura. Alejandro VI, uno de la influyente familia Borgia, no fue propiamente un dechado de virtudes. Tuvo una vida licenciosa, además aumentó la pompa y el lujo en la sede romana. Su elección fue producto de intrigas. La corrupción que se vivió en aquel entonces promovió el surgimiento del Protestantismo, cuyos seguidores censuraban lo que estaba ocurriendo al interior del gobierno de la Iglesia Católica. No obstante la Iglesia encontró el camino para depurarse, como ha ocurrido en otras oportunidades, y continuar su apostolado establecido por Cristo. Se trata de una institución formada por seres humanos con sus virtudes y sus defectos. Una de las señales más convincentes de su misión sagrada es el hecho de haber subsistido exitosamente durante 2000 años a pesar de sus crisis y equivocaciones. Recientemente dos hechos importantes marcaron su historia: la renuncia de Benedicto XVI y la elección de Francisco, el primer Sumo Pontífice nacido en el continente americano y el primer jesuita que alcanza esta dignidad. Lo primero fue un hecho inédito; la única vez en 600 años que un sucesor de San Pedro tomara esa decisión de manera espontánea y sorpresiva. Su motivación fue expresada reiterativamente. En razón de su avanzada edad no se sintió con las fuerzas suficientes para continuar desempeñando un cargo absorbente y en extremo demandante. Ojalá los gobernantes de las naciones, siguiesen su ejemplo cuando su misión se ha agotado, o lo que es peor, cuando su permanencia en el cargo causa más daño que beneficio. Algunos periodistas trataron de interpretar su renuncia bajo premisas basadas en sus propias opiniones o intensiones, quizás por no haber tenido nunca las responsabilidades inherentes a un cargo de tanta responsabilidad, ni haber llegado a su edad.La historia de la Iglesia Católica, con sus experiencias del pasado, instituyó el cónclave para asegurar un proceso libre de pujas e interferencias externas y así poder concentrarse en una elección cuya finalidad es de carácter espiritual y religioso, no político.La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio al solio papal no la anticipó ningún medio de comunicación. A pesar de todos los esfuerzos para investigar los favoritismos, sus predicciones no fueron acertadas, lo cual habla muy bien de las barreras establecidas por el cónclave con el fin de evitar las interferencias indeseadas. Las primeras declaraciones del Papa Francisco han sido muy bien recibidas. La eliminación de la pompa romana para acercarse a la feligresía es una buena señal. La auténtica preocupación por los pobres constituye una constante que le imprimirá carácter a su papado. La elección del nombre de Francisco es significativa. San Francisco de Asís ha sido siempre un símbolo de austeridad, de amor por la naturaleza y de paz. La elección de Francisco no solamente fue sorpresiva por ser un papa latinoamericano y el primer pontífice jesuita, también se anticipa que le estampará un sello singular a la trayectoria de la Iglesia. Su preocupación por los pobres ojalá repercuta en reducir pronto la inmensa brecha económica entre ricos y pobres que impera en nuestro continente, la cual no deja de ser un freno para el desarrollo.

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