El año económico

El año económico

Diciembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

En días habrá terminado el año económico con unas cuantas laceraciones. El Gobierno insiste que vamos a finalizar con unos índices mejores que el resto de países latinoamericanos. Mal de muchos consuelo de tontos. Hubiésemos podido llegar a diciembre con resultados superiores de haberse tomado algunas medidas a tiempo. Existieron signos y se prendieron alarmas pero no fueron escuchadas. ¿Cuántas veces se le advirtió al Gobierno que estábamos sufriendo la enfermedad holandesa? En no pocas ocasiones lo negó, en otras se hacía el de la oreja mocha. Se le insistió reiterativamente que éramos muy costosos y que así no se podía competir, en especial en la producción de bienes transables, aquellos que trascienden las fronteras. A los industriales se les contradecía afirmando que los tiempos habían cambiado y que la pérdida de peso de su sector en el PIB era normal. Se había sobrevaluado nuestra moneda. La actividad industrial se había relegado a segundo plano. Ahora, tardíamente se menciona la sustitución de importaciones por producción nacional. En muchas ocasiones en los últimos tres o cuatro años se ilustró sobre el inusitado crecimiento de la producción de esquisto. También se advertía que los EE.UU., país que llegó a importar una cantidad considerable de petróleo, iban a ser autosuficiente en pocos años, a causa del aumento en su producción nacional. Eran señales muy fuertes de lo que estaba aconteciendo con el petróleo, lo cual afectaría de manera notoria su precio. No obstante nuestras autoridades solamente se limitaron a escuchar el clamor, a pesar de que el 60% de nuestras divisas provenían de la exportación de este energético y de que el 70% de la inversión externa directa correspondía también a esta actividad. Se desconoció otra perla, Ecopetrol contribuía con más del 30% a los ingresos del fisco.Cierto es que en materia económica no se puede luchar contra factores exógenos determinantes, lo que está en manos de las autoridades es mitigar su efecto. Algunas, muy débiles acciones se emprendieron, sin ninguna contundencia. El Gobierno estaba feliz. La economía crecía, el desempleo disminuía y los ingresos al fisco eran cuantiosos. Se ignoró que después de la euforia viene la resaca. Se disparó el dólar, se aceleró la inflación, el déficit comercial y fiscal es inmenso, está aumentando el desempleo, en fin nuestro panorama económico se oscureció.Para empeorar las circunstancias adversas, el Gobierno promovió una reforma tributaria, bien intencionado en principio, se buscaba sustituir los gravámenes parafiscales laborales, no obstante desconoció la prudencia impositiva a las empresas, que son las que dinamizan el empleo. En la actualidad estas tienen una carga tributaria muy superior de la establecida en otros países, con las obvias consecuencias, las estamos espantando. Esperamos que el Gobierno ejerza su influencia, al igual que lo ha hecho en otras iniciativas recientemente, para establecer por primera vez en Colombia una reforma tributaria sencilla, justa, equitativa, progresiva, que estimule la inversión y promueva el emprendimiento.El crecimiento económico reportado del último trimestre es fruto de la inercia, no obstante la felicidad no durará por mucho tiempo. Nuestra economía es hoy en día muy vulnerable. Quisiera equivocarme.

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