El Aeropuerto

Junio 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Tengo como norma evitar las referencias personales en las columnas del periódico, pero creo que en esta ocasión amerita hacer una excepción.Recientemente a mi llegada de un vuelo de Bogotá a Cali, acudí al ascensor porque tenía dos maletas en mis manos, para bajar al primer piso y tomar un vehículo. Utilizar las gradas actuales carentes de pasamanos, presenta un riesgo, especialmente para los que hemos llegado a la edad de la porcelana, cuando un traspiés seguramente trae como consecuencia posibles fracturas. No fue para mí una sorpresa que se encontrara fuera de servicio, en otras ocasiones me ha ocurrido lo mismo. La solución que tienen que optar los minusválidos para bajar dichas escaleras, se la puede imaginar el lector; la otra alternativa, utilizar el ascensor interno, no es fácil, puesto que no se encuentra señalizada.Las mencionadas gradas tienen la edad del aeropuerto, más de 40 años. Cuando se construyó, posiblemente por razones presupuestales, no se tuvo en cuenta utilizar escaleras eléctricas, una necesidad muy poco usual en aquel entonces, pero hoy en día indispensable.Relato este hecho debido a que el Bonilla Aragón se quedó en el pasado. Me han informado que las escaleras eléctricas ya las ordenaron, pero esto no es suficiente. Todas sus instalaciones debieron ser modificadas desde hace mucho tiempo, en ambos terminales, el nacional y el internacional, para adecuarlas a los requerimientos de la era actual.Como lo he manifestado en el pasado, no existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. Para muchos de los visitantes a nuestra ciudad el primer lugar que ven, las primeras instalaciones que utilizan, son las del aeropuerto, podríamos decir que es el zaguán de la región. Lo mismo que en nuestras casas, deberíamos esmeramos por dar una buena impresión al forastero. Sentirse orgullosos del lugar que habitamos es un componente importante de la autoestima ciudadana. Por esta razón nos duele que no se logre disolver o modificar un contrato que impide adecuar o modernizar su obsoleta infraestructura. Se trata de unas instalaciones que fueron concesionadas hace ya muchos años. Es cierto que al comienzo no se cumplieron las expectativas en cuanto al número de vuelos. La industria aeronáutica se afectó con la recesión de 1998. Sin embargo, el tráfico aéreo ha aumentado considerablemente en los últimos años, el número de vuelos entre Cali y Bogotá, para dar tan solo un ejemplo, supera la cifra de 50 diarios. Se trata de uno de los aeropuertos más rentables de la Aeronáutica Civil. No pocos años se han consumido en este rifirrafe, sin que se produzca humo blanco, y mientras tanto, continúan llegando y saliendo numerosos pasajeros diariamente. Se trata de un litigio bizantino, en cuya discusión se ha desperdiciado gran cantidad de tiempo y dinero por parte de los contendientes; fabuloso para los abogados pero funesto para los usuarios.Tengo en alta estima a Dr. Ricardo Alberto Lenis, gerente de la concesión, como al director de la Aeronáutica, Dr. Santiago Castro, ambos ciudadanos caleños, comprometidos con el presente y el futuro de nuestra región, razón por la cual deberían exigir con más efectividad a sus superiores o a sus juntas, para que resuelvan este asunto con la celeridad que amerita. La paciencia se agota con el tiempo.La persistencia de este problema me ha hecho reflexionar sobre los beneficios que reporta a la región tener una representación parlamentaria tan numerosa.“Obras son amores y no buenas razones”.

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