Difícil tarea

Febrero 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Los ministros de Hacienda de Colombia, diría sin excepción, han improvisado en materia tributaria. Su visión ha sido cortoplacista, con miras a tapar huecos presupuestales. La tributación se ha considerado como un instrumento de cobro para financiar al Estado. Su aspecto redistributivo no se ha aplicado con suficiente rigor y la virtud de estimular e incrementar la inversión de manera genérica se ha desestimado. Se ha privilegiado el estímulo dirigido a ciertos sectores o regiones, consecuencia en la mayoría de las oportunidades de las presiones sociales o influencias políticas del momento. Sin duda se ha aplicado un criterio casuístico y facilista. Se ejerce riguroso control a un número reducido de empresas y a sus empleados. Se aduce, por ejemplo, que la renta presuntiva obedece a la incapacidad de cobrar a algunas actividades productivas. Hasta ahora se gravan con mayor rigor las rentas de trabajo que las de capital. Los dividendos se encuentran exentos, no importa si quien los recibe tenga una o muchas acciones. Además el número de personas o entes contribuyentes es muy reducido y existe una considerable evasión; en ocasiones lo intrincado y casuístico de la legislación lo permite. Ahora que se ha tomado la decisión de presentar al Congreso un reforma estructural de nuestro régimen tributario, se presente una afortunada oportunidad de racionalizar la legislación, hacerla comprensible para el común de los ciudadanos, enfatizar los efectos redistributivos y privilegiar la reinversión. Las normas deben ser sencillas, orientadas a estimular el desarrollo, y el cobro progresivo. Para que esto ocurra se deben gravar los ingresos personales y disminuir la carga a las empresas que son las que dan empleo y producen beneficios económicos. Tenemos una fama bien ganada de inestabilidad tributaria. Cada uno o dos años se cambian las normas. Imposible considerar inversiones privadas cuantiosas y de largo plazo, sin duda las que más requerimos, en este ambiente de incertidumbre.El gobierno tiene una tarea, no libre de obstáculos, realizable si se acomete con independencia y sin paradigmas. Las personas designadas son idóneas. Construir una legislación tributaria coherente que tenga en cuenta la redistribución del ingreso y estimule la inversión productiva, además de llenar las aspiraciones presupuestales, es posible. Lo casi imposible es aprobar la ley sin volverla ropa de trabajo, como ocurrió con la reforma a la justicia. Son muchos callos los que se pisan. Muchos los intereses que se chocan. Todos están de acuerdo mientras no les toquen sus propios bolsillos. Hace poco hasta los parlamentarios de la izquierda se opusieron con vehemencia a grabar las pensiones exageradas, de las cuales ellos podían beneficiarse en el futuro. Los ciudadanos hacen lo indecible para eludir los gravámenes. La obligación debe ser reforzada con sanciones ejemplares para evitar la evasión. Lo grave es quien las impone. Hoy existe corrupción y desconfianza en la Justicia. Son muchas las incógnitas que surgen y muchos los enemigos que se atraviesan para que se logre la aprobación una legislación tributaria adecuada y perdurable. Se trata de una tarea importante, conveniente y necesaria, difícil de lograr. Los colombianos debiéramos ser consientes de que de la salud del país depende nuestro propio bienestar.

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