Dictaduras democráticas

Diciembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

En octubre, el Presidente de Nicaragua, anunció su propuesta de reformar la constitución para permitir la reelección indefinida. Culmina así una aspiración evidente. Nada extraño, todos los Presidentes del Alba han propuesto y logrado modificar las respectivas constituciones para hacerse reelegir, la única diferencia en el caso de Daniel Ortega es que en esta ocasión se pretende la perpetuidad. Menuda aspiración.Los gobernantes de los países del Alba, excluyendo en este comentario las tres pequeñísimas naciones isleñas cuya población totaliza solamente 250.000 habitantes cuyo destino ignoro, han seguido una ruta única para atornillarse al trono. Sin desconocer que sus primeras elecciones fueron limpias y legítimas, sus actuaciones posteriores persiguieron alcanzar, desde el primer momento, un objetivo, establecer la autocracia. La independencia de los poderes se inventó en Inglaterra hace muchos años con el fin de consolidar la democracia y así evitar que la elección popular de los jefes de Estado se convirtiera en una pantomima. Los pesos y contrapesos del sistema democrático son indispensables para su legitimidad. Más aún cuando los votantes y sus familias dependen para su sustento del estado en los países socialistas del Siglo XXI, donde el mayor empleador es el gobierno. Usualmente aplican la insubsistencia a quienes no respaldan incondicionalmente al régimen. El camino para asegurar el poder omnímodo se inicia con el fortalecimiento de la popularidad mediante el otorgamiento de subsidios generosos. En tres de los cuatro países del Alba, Venezuela, Ecuador y Bolivia dichos actos magnánimos estuvieron respaldados por los altos precios de los energéticos que se mantuvieron por un largo período. Una vez implantado el populismo como programa de Estado, el segundo paso fue promover una reforma constitucional que les permitiera a los jefes de Estado acceder al poder judicial, cooptándolo para gobernar sin restricciones incómodas. De esta manera se asegura la intimidación de sus contradictores, para ejercer la calumnia con impunidad. Además de estas oscuras prácticas, también en ocasiones modifican las leyes electorales para asegurarse de obtener las mayorías en el Congreso, como ocurrió en Venezuela en épocas de Hugo Chávez; pero como si esto no fuera suficiente, se hacen otorgar amplios poderes, llámense leyes habilitantes o como se quiera, para también legislar. Recientemente el Presidente Maduro lo exigió y lo logró. Para gobernar con mayor tranquilidad se necesita también acallar a los medios de información independientes, aunque sea torciéndoles el brazo a las leyes preexistentes, como aconteció en el caso de Radio Caracas, o estableciendo reformas constitucionales como en el Ecuador. Es incomodo para el gobernante escuchar a sus detractores. Vulnera su imagen. Los caudillos solamente toleran el incienso. Vale la pena asegurarse de establecer unas buenas campanas de resonancia para fortalecer el buen nombre del gobernante y de sus colaboradores, así como también alabar las políticas por ellos establecidas, para lo cual no es suficiente tener órganos de información dependientes de la publicidad oficial o la ley resorte, mejor tener un órgano propio. Esta es la misión de Telesur, vocera del Presidente Maduro y sus seguidores. Lo irónico es que ellos mismos, los gobernante de los países del Alba, mientras aspiraron llegar al poder, exigieron estricta protección a la oposición y respeto a la diversidad, lo que ahora desconocen.

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