Designación acertada

Designación acertada

Noviembre 28, 2017 - 11:50 p.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Han existido críticas infundadas debido a la designación del padre jesuita Francisco De Roux para presidir la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, acerca de la imparcialidad, unas por falta de información, otras por confusión y el resto motivadas por fanatismo.

La comisión de la verdad tiene como propósito exclusivamente lo que su nombre indica. Su objetivo solamente abarca la obtención de los testimonios de las víctimas del conflicto. No tiene ninguna incidencia en la Justicia Especial para la Paz, la JEP. La información que provenga de dicha comisión no se podrá utilizar en los procesos que se generen, a raíz de la labor que desarrolle la JEP. Lo se pretende además de un recuento histórico del punto de vista de las víctimas es contribuir al reconocimiento de lo acontecido durante este largo período de violencia. Se trata de contribuir a la reconciliación.

Conozco de primera mano la idoneidad y el conocimiento del conflicto, desde sus distintas aristas, las víctimas y los victimarios, del sacerdote jesuita Francisco De Roux, familiarmente llamado el padre Pacho, hijo de Cali. Hace aproximadamente dos décadas él también fue designado para cumplir un propósito casi imposible en Magdalena Medio: tratar de menguar la violencia que se vivía en esa región en aquella época, con el cargo de director del programa denominado Desarrollo y Paz. Su misión fue promovida y secundada por entidades como el Banco Mundial, la Unión Europea, la Diócesis de Barrancabermeja y Ecopetrol, empresa que sufría y aún no descansa ante los embates del ELN. Mis vínculos con el sector petrolero en aquel entonce, me permitieron conocer de cerca su invaluable y valerosa actuación.

Se requiere una vocación muy especial y una profunda convicción cristiana, para aceptar estos retos. Además de que en nuestro país es un trabajo ingrato y desagradecido, velar por los más débiles, como consecuencia de practicar el precepto de la caridad, aunque se rechace la subversión armada, la violencia y el comunismo. Él como lo ha expresado públicamente no se postuló para formar parte de la comisión, aceptó tal como lo manifestó, a regañadientes.

Su esperanza es contribuir a la reconciliación mediante la catarsis que produce contar los dolores y rencores personales, escuchando sus desgarradoras historias.

Me asalta, sin embargo, una gran duda. Me temo que cuando la JEP establezca las penalidades correspondientes a la gravedad de los crímenes declarados, van a presentarse inconformidades profundas cuyas consecuencias políticas son aún inciertas. Las interpretaciones, por la laxitud de las condenas, van a producir una gran controversia. Mi otra duda se concretará cuando se conviertan en autoridades legítimas personas con pasados borrascosos. Personas que en las regiones donde van a ejercer sus mandatos hayan amenazado, intimidado o cometido crímenes contra la misma ciudadanía, en razón de practicar ideologías contrarias.
El acuerdo no fue aceptado por la mayoría de los colombianos, cierto fue que se le hicieron algunos retoques pero aun así subsisten fundamentadas dudas sobre las consecuencias nocivas en el mediano y largo plazo. La historia se encargará de ser el juez final, pero mientras se llega a esta época la incertidumbre carcome la reconciliación.

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