Desaceleración económica

Mayo 16, 2017 - 11:55 p.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Últimamente se ha anunciado por parte del Banco de la República y de los más autorizados predictores del desempeño económico del país, que se deben reducir las cifras de crecimiento establecidas. Según dicen los expertos vamos a estar por debajo del 2%, cifra que nos mantendrá estancado el ingreso por persona.

En años anteriores disfrutamos de un crecimiento que, en algunos años, llegó a las vecindades del 7%, lo cual permitió una mejoría en el bienestar ciudadano. Lo palpamos en el aumento de la clase media, en la disminución de la pobreza, en el mayor consumo, en un cubrimiento mucho más amplio de la salud y la educación, en fin, los beneficios han sido evidentes, en muchos aspectos de la vida cotidiana. Pues bien, este año vamos a sentir un frenazo.

En buena medida han existido causas exógenas como del decrecimiento de los precios de las materias primas, en nuestro caso lo que más nos ha afectado fue el desplome de los precios del petróleo, nuestro mayor generador de divisas.

Sin embargo, también han existido errores que han podido evitarse como el alza excesiva de las tasas del Banco de la República para controlar una inflación, que de todas maneras se iba a producir, debido a que sus principales causas fueron el aumento en los precios, debido a la tasa de cambio y un fuerte veranos que afectó la oferta de alimentos. Dicha alza, sin duda, exagerada contribuyó a frenar la economía. El desempeño del Banco Central no se debiera juzgar exclusivamente por la inflación, también debiera considerarse metas de desarrollo; por ejemplo, el empleo, medida utilizada para evaluar el desempeño de la Reserva Federal de los EE.UU.

Aunque el aumento de los impuestos era indispensable para compensar la falta de ingresos, por el decrecimiento de los ingresos petroleros, no se ha debido aumentar el IVA un 3%, porque esto actuó como un freno adicional a la demanda, por cierto, muy efectivo.

Estos factores inciden ahora en el corto plazo, pero en el largo el futuro no luce despejado. El costo de la paz está resultando abultado. Se han creado nuevas instituciones que demandan gastos. Nuevamente concentradas todas en Bogotá. Las regiones que desocuparon las Farc están siendo cooptadas por otros grupos subversivos y disidentes, además de los narcotraficantes que allí operan. El ejército tendrá que ocuparse de controlar y erradicar esta calamidad. La disminución del gasto militar, por un buen tiempo, es una utopía. Como si esto fuese poco, la represión no basta, estas zonas abandonadas tienen que reestablecer su gobernabilidad institucional, lo que tomará tiempo e inversiones cuantiosas porque no hay otra manera de recuperar la paz.

La ejecución del posacuerdo es más compleja que la firma del acuerdo. Además, existen no pocos obstáculos para la implementación de lo pactado, dicho por el mismo gobierno.

Todo lo anterior exige más tributos o más endeudamiento, lo cual tarde o temprano, disminuye el consumo.

Lo que nos salvará de continuar estancados en nuestro desarrollo económico por un período más prolongado, sería un aumento en los precios del petróleo, un cambio de gobierno en Venezuela, acompañado de su recuperación económica, que nos traería como consecuencia incremento súbito en las exportaciones y una ayuda externa masiva al Proceso de Paz; circunstancias muy improbables.

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