Continuará ocurriendo

Continuará ocurriendo

Junio 27, 2017 - 11:50 p.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Actualmente el mundo se encuentra en su ciclo de calentamiento, agudizado por la irresponsabilidad del hombre, por consiguiente, es muy probable que los períodos de lluvia y sequía se profundicen.

Cali ha sido un polo de atracción para que los inmigrantes se establezcan en búsqueda de mejores oportunidades. Su crecimiento en ocasiones ha sido desbordante, por eso se ha dicho que la ciudad no crece, se hincha. Su capacidad económica, limitada, no permite darle solución adecuada a la expansión poblacional. Las reformas tributarias son cada vez más frecuentes y centralistas, la nación acapara la gran mayoría de los recursos y luego los distribuye. Las regiones cumplen el papel de mendigos intrigantes.

En el censo de 1918, Cali ocupaba el octavo lugar en el número de habitantes del país, Medellín tenía 2,5 veces más población y Barranquilla nos duplicaba. Pasto tenía el mismo número de ciudadanos.

En gran parte la expansión de su urbanismo se ha llevado a cabo a punta de invasiones de terrenos públicos y privados. En los públicos, los grandes promotores son los políticos que buscan en esta forma conquistar votos, y en cuanto a los terrenos privados, lo que logran sus dueños es evitar los costos del urbanismo. Las inversiones en este rubro, en ambos casos, son sumas muy cuantiosas que corren por cuenta del Municipio, cuyos recursos provienen del aumento de las tarifas a los paganinis, pobres y ricos. Los ejemplos son múltiples: Terrón Colorado, Siloé, gran parte de la comuna 18, Altos de Menga, las riberas de los ríos Cali, Aguacatal y Meléndez, etc. Por fortuna las dos últimas administraciones están dando solución a la invasión del Jarillón.

No pocos de estos asentamientos se sitúan en terrenos deleznables de alto riesgo, o en lugares como el Jarillón, poniendo en peligro su estabilidad y una posible catástrofe para la ciudadanía circundante, 900.000 habitantes, que podrían afectarse de manera directa. Otro de los terrenos favoritos son las riberas de los ríos, sujetas a inundaciones, donde utilizan sus cauces como alcantarillado.

Las invasiones han sido una constante en el desarrollo de Cali, desde hace muchas décadas, y continuarán ocurriendo mientras no exista suficiente oferta de vivienda, capacidad adquisitiva para comprarla y sanción para los promotores y violadores. La mayor sanción que sufren los invasores es el desalojo, previa indemnización, como pago de su mejora. Los promotores políticos se benefician con los votos de sus perversos favores, a su vez, los dueños se ahorran sumas considerables, correspondientes a los costos del urbanismo; y los infractores jamás son sancionados.

Ahora que la corrupción se ha convertido en prioridad, se debería abocar el tema de las invasiones. Cierto es que en este negocio existen víctimas inocentes, pero también ocurre enriquecimiento ilícito, con total impunidad. Hace pocos años se construyeron nuevas viviendas para alojar a quienes residían en el barrio ‘La Fortuna’, una invasión a las orillas de la Carretera al Mar. No pasó un año sin que se volviera invadir los mismos terrenos, se dice que por parientes o amigos de los beneficiarios. En distintas zonas de la ciudad existen propietarios que son dueños de múltiples predios, producto de invasiones. Pésimo ejemplo para quienes a punta de inmensos esfuerzos cumplen con la ley.

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