Comentarios de un votante

Agosto 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

He leído con interés el documento, hasta ahora disponible, de los acuerdos de La Habana. Según la información pública, aún faltan algunos puntos por acordar. Para consignar un voto responsable es necesario enterarse, lo más posible, sobre la materia. Muy pocos van a tener el tiempo, la voluntad y la paciencia de leer todos los textos, pero sí podrán enterarse por los comunicados, las entrevistas y los foros, sobre lo fundamental de su contenido.Su lectura produce sentimientos encontrados. Difícil aceptar, para quienes hemos vivido durante los 50 años de la confrontación armada, varios puntos lacerantes del acuerdo.Sin duda, existen visiones distintas, la de quienes han sufrido directamente los estragos, y la de quienes han padecido únicamente los impactos colaterales. Una cosa es ser víctima, y otra, espectador. Una situación es vivir en Cali y otra en Caloto.Se prohíbe la extradición de los miembros de las Farc, el coco de quienes ejercen el lucrativo negocio del narcotráfico. Aceptar que esta actividad es un delito conexo, es como tragar un pescado con espinas. Para ejercer dicha actividad se cometieron innumerables crímenes. Establecer la extradición nos produjo sangre, sudor y lágrimas.La condena por actos punibles no inhibe de la participación política a los miembros de las Farc. “La imposición de sanciones no inhabilita…”. ¿Por qué condenar entonces al ostracismo a los políticos cuando cometen delitos para favorecer sus colectividades?Excelente indemnizar a las víctimas, pero, ¿por cuenta de quién se pagarán las condenas pecuniarias, si las Farc dicen no estar dispuesta a resarcir con dinero a sus víctimas?, ¿será con los impuestos que pagan los ciudadanos?No le doy tanta relevancia a las sanciones, como se ha mencionado frecuentemente en las controversias políticas. En el pasado se han indultado a los miembros de los movimientos subversivos, sin mayores consecuencias adversas, léase, M-19 y el EPL.Lo más importante es el desarme del grupo subversivo y el compromiso de no dejarse tentar de nuevo con la decisión de acceder al poder por medio de la violencia. Evitar mayor derramamiento de sangre por motivos políticos es lo fundamental.Otro gran logro lo constituye la obligación del Gobierno Nacional de otorgar los recursos necesarios para desarrollar unos territorios abandonados desde hace muchos años que, no por casualidad, coinciden con las zonas donde no ha existido autoridad y la violencia ha profundizado sus nefastas secuelas. Lamentable que sean las Farc las que hayan exigido al Gobierno Central saldar esta perentoria deuda. Conveniente que el Estado haya accedido a una mayor representación parlamentaria de estos territorios, aunque tenga carácter temporal.Infortunadamente la votación en el plebiscito se ha convertido en una contienda personal. Me tiene sin cuidado el futuro político del Dr. Santos o el Dr. Uribe; en esta hora histórica, el interés primordial y único debe ser el futuro de Colombia. Desgraciadamente para la mayoría de los compatriotas no es así, en parte por culpa del Dr. Santos, quien ante el riesgo de no ser reelegido, planteó la falacia de los amigos de la paz y los amigos de la guerra.Estamos a la espera del acuerdo definitivo. Es aceptable que existan renuncias para obtener lo que se pretende, lo que define es el balance.

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