Cambio a la fuerza

Diciembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Un fenómeno que ha sacudido nuestra vida cotidiana, sin lugar a dudas, ha sido la incursión de las nuevas tecnologías, cuya esencia quizás podría compendiarse en la aplicación de la electrónica a un sin número de actividades de nuestro diario acontecer, al aumento de la capacidad de procesamiento de la información, y a la reducción, a su más mínima expresión, del tamaño de los instrumentos que la manipulan.Hasta hace no muchos años, un computador era un aparato que requería de un espacio considerable. Ahora un teléfono celular es un adminículo insignificante, con un potencial de información inmenso, incluso superior a esos procesadores que demandaban costosas instalaciones. Las funcionalidades se han multiplicado. Cada día se ofrecen nuevas aplicaciones. En los lugares de trabajo todas las personas tienen al frente un computador. Cuando realizamos una diligencia personal, el funcionario de turno, digita nuestra solicitud, luego lee en la pantalla la respuesta, y en ocasiones nos dicen: “se cayó el sistema lo siento”. Esta es palabra de Dios, hasta que se restablezca; no importa la urgencia. Pocas, muy pocas personas razonan, el sistema sustituye su descernimiento.Cuando nos sentamos a conversar con la familia, con los amigos, o en las reuniones de trabajo, los participantes alargan sus brazos debajo de la mesa, para ocultar su teléfono, dando así inicio a la lectura y respuesta de sus mensajes. Los jóvenes utilizan el Whatsapp para chatear entre ellos. Una cosa es lo que conversan y otra los mensajes que se cruzan. El internet es una maravilla, parece magia. Cuando pensamos en las cartas que escribíamos con estilógrafo, en letra palmer, retrocedemos a la edad de piedra. El correo electrónico nos conecta con la persona que queramos, en cualquier lugar del mundo, hasta podemos verla si se encuentra frente a otro computador. Cómo no mencionar las videoconferencias o las juntas virtuales. Quien no tenga una dirección electrónica vive en otro planeta o no existe. “Te mandé un e-mail, o te dejé un mensaje en el teléfono, y no me has contestado”, es un reclamo habitual.Ya no necesitamos saber o memorizar, todo se lo preguntamos a Google, él todo lo sabe. ¡Qué tal los mapas satelitales! Increíble, podemos identificar nuestras casas y los lugares que queremos conocer. En estos días un nieto nos informó de un aplicativo, que permite escanear el problema de matemáticas que mandó de tarea el profesor y remitirlo para obtener la respuesta de inmediato.Bajamos la música a nuestro teléfono o al Ipod. Están desapareciendo los almacenes de discos. Se ha vuelto de común ocurrencia observar a los jóvenes con un par de audífonos colgados de la orejas.No concebimos que alguien no tenga un número telefónico. Existen más teléfonos que personas. Ni qué hablar de la nube, donde podemos almacenar lo que se nos antoje para luego accesarla desde cualquier parte del mundo.Anteriormente los cambios eran paulatinos, ahora se suceden súbitamente. Difícil de visualizar el impacto sobre nuestras costumbres y el orden social. Facebook ha sido utilizado hasta para deponer jefes de Estado.Es indispensable aprender todos los días, y lo que es más importante, aprender a desaprender. Tenemos que reinventarnos a diario para subsistir. Hasta nuestro léxico ha cambiado.

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