Acción loable

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No he compartido la idea que se ha formado buena parte de...

Acción loable

Diciembre 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

No he compartido la idea que se ha formado buena parte de la opinión pública, cuando acepta que el proceso de la paz culmina en el momento en que se firmen el pacto con las Farc. Quienes así piensan sufrirán una frustración después del acuerdo, si se logra concretar y se aprueba el plebiscito. Para disfrutarla plenamente se requiere tomar no pocas acciones adicionales a las negociaciones. Cambiar la cultura y las costumbres toma mucho tiempo.Los grupos subversivos reclutan sus combatientes entre la población más joven, en ocasiones menores de edad, usualmente campesinos de las zonas donde operan. Muchos de estos jóvenes no conocen una vida distinta a la que han padecido sirviendo a estos grupos violentos. Treinta mil han desertado por diversos motivos, y se han acogido los programas de reinserción establecidos por el gobierno hace una década.El Estado colombiano creó una agencia que ha venido perfeccionando sus procesos y actividades, con el tiempo y la experiencia, para ofrecerles a las personas desmovilizadas de los grupos subversivos un futuro atractivo, una ocupación que los satisfaga y una vida familiar placentera, al calor de un hogar. Los logros son evidentes, una encuesta reciente muestra que el 90% de las personas que han optado por los programas ofrecidos sienten que su calidad de vida ha mejorado. El 71% se encuentra trabajando.Conozco de primera mano dos empresas productivas donde trabajan en completa armonía exguerrilleros y exparamilitares. Lo sorprendente es que ellos son gestores y dueños. Desde luego que han requerido acompañamiento y consultoría, pero cada día son más autónomos. También he escuchado manifestar a presidentes de importantes empresas establecidas en Colombia, donde laboran exguerrilleros y exparas, que se acogieron a los programas de la agencia, su gran satisfacción con el desempeño de quienes, hasta hace algún tiempo, deambulaban en la selva con un fusil al hombro y terciaban en su pecho un cinturón de repleto de municiones.El proceso de transformación personal ha sido asombroso. Desaprender es mucho más difícil que aprender. Esto lo vive y lo siente cualquier empresario en un mundo aceleradamente cambiante. Pues bien, si esto ocurre en ámbitos más propicios a la aceptación y a la confianza, ya nos podremos imaginar lo complejo que es cambiar el destino de un ser humano, sometido a un entrenamiento previo, diametralmente opuesto a la cultura de un buen ciudadano. Esta difícil tarea la practica a diario la Agencia para los desmovilizados, orientada y dirigida por un destacado vallecaucano de sobresalientes calidades humanas e intelectuales, Alejandro Éder. Él prefirió aceptar este reto, entre las alternativas que estaban a su alcance, posiblemente de mayor reconocimiento y seguramente más atrayentes, que la causa del proceso de paz, a pesar de que su abuelo había sido asesinado por las Farc.Qué distinto sería nuestro destino si no se hubiesen atendido adecuadamente estos treinta mil ciudadanos que decidieron apartarse de los caminos trazados para ellos por la subversión. Posiblemente tendríamos treinta mil personas frustradas y dispuestas a vengarse de la sociedad que no los había acogido, a pesar de haber tenido el valor de tomar el riesgo de darles espalda a sus anteriores jefes.Claro está que para lograr la paz es indispensable tomar otras acciones, como disminuir las intolerables diferencias económicas entre los ciudadanos y las regiones, pero las llevadas a cabo con los desmovilizados constituyen un gran avance.

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