Abolición de la reelección

Abril 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

El presidente Santos se arrepintió de la propuesta que hizo de ir a la reelección aceptando que solamente gobernaría por dos años en lugar de cuatro, con el propósito de promover una modificación constitucional para abolir la reelección y establecer un período presidencial de seis años en el futuro.Al parecer su propuesta era inoportuna y no contaba con el aval de los parlamentarios que consideraban que el esfuerzo de la reelección no se justificaba para gobernar tan solo dos años. Sin embargo el debate sobre la reelección continua vigente. Su instauración nos ha traído más maleficios que beneficios. Aumentar el período de los alcaldes no se justifica, sus planes de gobierno bien pueden plasmarse y ejecutarse en cuatro años. Para el presidente Santos no es conveniente postularse nuevamente para la contienda electoral y al mismo tiempo negociar un acuerdo de paz con las Farc. Los planteamientos que presente el gobierno en la mesa de negociaciones pueden estar influenciados con su deseo de ser reelecto. Estos son los gajes que conlleva la reelección.Prolongar el tiempo del período presidencial, como casi todas las decisiones que se toman, también tiene inconvenientes. Los comentarios de sentido común que se ventilan, afirman, con mucha razón, que seis años son pocos para un buen presidente, pero se hacen eternos cuando se trata de un presidente incompetente. Si se llegase a tomar una determinación en este sentido, se debería también establecer fórmulas para revocar su mandato en casos de desempeños calamitosos, al igual que hoy existe para las alcaldías.Estoy en desacuerdo con quienes piensan que las negociaciones son inoportunas y que se ha debido esperar. Establecer cuándo es más acertado iniciar las conversaciones es un imposible, cada persona tiene su propio criterio, lo cierto es que ahora existe la voluntad de las partes para llegar a un acuerdo y por consiguiente debe intentarse. Este tipo de conflictos suele concluirse en una negociación. Igual pasó en Centro América con el tratado de Esquipulas, o en San Salvador con el tratado de Chapultepec, o en Irlanda del Norte cuando se firmó el acuerdo del gobierno con el IRA. Un buen número de personas, entre quienes me cuento, piensan que sería más grave para las Farc que para el Gobierno terminar en un fracaso. Continuar buscando el poder mediante la guerra sería una decisión ciega e imperdonable de sus dirigentes. Si esto llegase a ocurrir, su movimiento tendería a desvanecerse con el tiempo, como ya ha venido ocurriendo. La lucha armada para acceder al poder está totalmente revaluada. El comunismo, como sistema económico, se redujo a su mínima expresión. El mundo ha sufrido un gran cambio en los últimos 50 años.La propuesta de Presidente de buscar la reelección por solamente dos años no fue descabellada, aclaró que el propósito de su reelección para gobernar cuatro años más, no constituye su mayor aspiración. Fue un gesto que demuestra que su apego al poder no es su único objetivo. Prevalece su deseo de culminar la negociación sin afanes.Soy de los que piensan, con algún grado de optimismo, que el acuerdo final con las Farc no instituirá la impunidad jurídica. Un convenio muy proclive para la guerrilla no sería digerible por la opinión pública, por consiguiente podría ser rechazado en un plebiscito, como se pretende. Además confío en el buen criterio de los negociadores del Gobierno. Se trata de personas curtidas en muchas lides, con un prestigio bien ganado en el desempeño de sus cargos anteriores.

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