Semana de amor y paz

Marzo 31, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfonso Ocampo Londoño

Comenzaremos en los próximos días unos de los más importantes en los cuales vemos cómo el amor de Dios a la humanidad se demuestra con su vida, pasión, muerte y resurrección para redimirnos. Dios vino a enseñarnos los principales mandamientos de su doctrina que son: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”. Por eso la doctrina cristiana se basa esencialmente en Amor, Justicia y Perdón y mientras no los tengamos y los practiquemos no vamos a tener paz alguna, pues lo que predominaría sería siempre el de lograr el provecho personal y no el bien común. Uno de los principales mensajes que nos dio Jesús con su nacimiento, vida y muerte es: “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad”. En estos principios son en los que nos debemos concentrar, pues son la esencia de la paz. Sin ellos no tendremos una paz externa, ni tampoco la interna.S.S. Juan Pablo II planteó en una jornada Mundial de la Paz: “La inestabilidad mundial (yo añadiría y la colombiana) desencadenada… sólo podrá superarse poniendo como ‘Pilares de la Paz’ la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón”. Y añadió: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. La verdadera paz es fruto de la justicia y el perdón no se opone, ni mucho menos a la justicia, pues no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias del orden violado”. El perdón por el contrario, busca mucho más que un frágil y temporal cese de hostilidades, pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas.Estos son los principios aplicables a la candente cuestión del terrorismo que es un auténtico crimen contra la humanidad y yo creo que es lo que le está pasando al país. La Justicia y el Amor son las fuerzas integradoras de la humanidad y en especial de Colombia y no son sólo un sentimiento religioso, aunque Dios los haya sublimado con su nacimiento y muerte. Amor es compartir lo que se tiene y poner al servicio de todos sus capacidades para lograr un mundo y un país mejores. Hemos olvidado los preceptos que Jesús vino a enseñarnos. Reflexionemos sobre estos conceptos y hagámoslos objetivo de nuestras vidas y del manejo del país y que especialmente sea también los de los grupos subversivos, narcotraficantes y delincuentes comunes. La vida no vale la pena sin tener amor a Dios y a los otros seres humanos y en especial a nuestros compatriotas. Debemos tener una verdadera Semana Santa y agradecerle a Dios que haya venido a redimirnos con su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección.

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