No a los extremos

No a los extremos

Marzo 20, 2018 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Hay muchos que parecen no darse cuenta de que estamos en un momento de ruptura con respecto a las siete décadas de conflicto y violencia que comenzaron en 1946. Y en el marco de esta secuencia los últimos 16 años han sido fundamentales porque el país (sin importar el nombre del presidente) se decidió a enfrentar a la guerrilla más antigua del continente y a entablar unas negociaciones de paz que finalmente llegaron a un resultado que, gústenos o no, ha cerrado un ciclo de manera irreversible y nos pone a las puertas de una situación inédita y promisoria.

Sin embargo, lo que nos encontramos es con una polarización entre dos extremos, a la derecha y a la izquierda, que pretende embarcarnos en una confrontación de odios y de miedos que nos retrotrae a la época que queremos superar. El temor que inspiran Uribe y Petro en sectores opuestos del electorado es en este momento el factor decisivo. Cada polo sirve de refugio a los que huyen del polo opuesto. El Centro Democrático promete echar para atrás el proceso de paz, con un claro sabor a venganza, que amenaza con arruinar los logros obtenidos en la disminución del número de muertos. El triunfo del sector de Colombia Humana, por su parte, desataría una reacción de proporciones incalculables en los ‘sectores oscuros’ de la derecha que haría invivible este país. El gran peligro es que aparezcan formas de violencia inéditas, después de haber logrado salir de un conflicto de tantos años. Ambos extremos, además, conllevan un riesgo de populismo innegable, desde concepciones opuestas.

Por estas razones la polarización no es una perspectiva positiva para este país. Es una forma de perpetuar la intolerancia y una amenaza para las reglas democráticas, que han sido el fundamento de nuestra permanencia como sociedad. Sus líderes se han comprometido con el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, en un claro intento por reimplantar un modelo autoritario que represente los intereses de su grupo en contra del conjunto de la sociedad. Sería gravísimo que se echaran a perder los logros de la Constitución de 1991 que, a pesar de todos sus defectos, es uno de nuestros principales patrimonios democráticos.

Necesitamos renovar las formas de hacer política, no a partir de la promoción de los miedos colectivos sino de programas y proyectos. Necesitamos cambios sociales pero con base en un proceso gradual, que se adapte a nuestra idiosincrasia y no a la brava como lo propone Petro. Necesitamos crear consensos (no divisiones), luchar contra la corrupción y la desigualdad. Y eso sólo lo puede garantizar una alternativa de centro, que no polarice, que no asuste a la gente, a los empresarios, a los ricos, a los creyentes, a los trabajadores. Ningún extremo radical va a lograr estas transformaciones. Produciendo miedo no se llega a ninguna parte porque al polarizar los efectos son contraproducentes.

Hay millones de colombianos que no nos sentimos representados en las alternativas excluyentes, de izquierda y de derecha, que fueron protagonistas en las pasadas elecciones parlamentarias y nos negamos a ser manipulados por el miedo. Esta es la razón por la cual circula en este momento una carta dirigida a los candidatos Fajardo y De la Calle para que se presenten unificados a las elecciones. El tarjetón de la consulta liberal, como lo recordaba el domingo pasado en este periódico Mauricio Cabrera, otorgó poder al candidato ganador para participar en “una consulta interpartidista que elija candidato único en coalición”. La idea es llevar a cabo una nueva consulta entre ambos candidatos, que permita superar el obstáculo legal imperante. Lo invito amigo lector a sumarse a la causa de la lucha contra la polarización y contra el uso del miedo en la política.

VER COMENTARIOS
Columnistas