Mentiras y temores

Mentiras y temores

Febrero 20, 2018 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Estamos viviendo una situación de incertidumbre con respecto al futuro del país, en la antesala de unas elecciones presidenciales en las cuales se perfilan tres vías (la derecha, el centro y la izquierda), ninguna de las cuales presenta signos contundentes de poder imponerse sobre las otras, a diferencia de otros momentos en los que las opciones de éxito de una corriente eran más claras. Este abanico de posibilidades no sería grave si no fuera porque ha dado lugar a una competencia desleal de algunos de los aspirantes por obtener votos sin importar los medios, la difusión de mentiras y temores infundados o las alianzas con personajes dudosos.
Algunos grupos políticos están convencidos de que las elecciones de este año son una réplica del plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando las mentiras y los temores fueron los que movieron a una porción significativa del electorado a votar por el No al acuerdo de paz. Y con esta certeza buscan audiencia en una población incauta que cree en infundios como el ‘castro-chavismo’, una posibilidad que está excluida de las condiciones de este país (carente de una renta petrolera y de una tradición militarista como la de Venezuela), y que ningún grupo sensato, por izquierdista que sea, estaría dispuesto a promover, teniendo en cuenta la hecatombe del vecino país. Pero eso da votos. Eso asusta a la gente aunque carezca de fundamento. Y de lo que se trata es de llegar al poder no importa cómo.
Para varios sectores políticos, así parezca increíble, el hecho de que las Farc no existan es algo inconcebible e inaceptable y, por consiguiente, hay que ‘recrear el monstruo’ para que siga produciendo terror y la gente vote por ellos como garantía de su seguridad. Los que arrojan huevos y tomates sobre los dirigentes de las Farc no se dan cuenta que con esos actos están contribuyendo a todo lo contrario de lo que buscan. Las posibilidades electorales de este grupo son mínimas. El rechazo de la población es inmenso. Y la mejor alternativa para neutralizarlo es dejarlo participar en elecciones libres para que se den cuenta de la precaria acogida que tienen entre la población. Pero para muchos lo importante es no dejarlos morir políticamente porque en la existencia de ese enemigo está la posibilidad de obtener los votos de la población atemorizada.
La Farc (en singular) como grupo político no es una amenaza para el establecimiento. Las Farc (en plural) como grupo armado eran la coartada perfecta que permitía justificar el mantenimiento del statu quo y la inmovilidad de la sociedad; obstaculizar los cambios sociales e impedir que las poblaciones expresaran sus legítimas demandas. En otras palabras, eran perfectamente funcionales y necesarias para que todo siguiera igual. Por este motivo los sectores de derecha lamentan tanto su desaparición y hacen hasta lo imposible para que sigan vivas con sus equívocas propuestas como es el caso del ‘No a la impunidad’. Las anteriores elecciones se montaron casi siempre en el miedo a los grupos armados. El problema era responder a una amenaza interna, con propuestas de seguridad como lo hizo con creces el uribismo, pero sin ofrecer alternativas positivas en el campo social.
Una Colombia nueva es un país sin grupos armados. La agenda social que tiene pendiente esta sociedad para combatir la desigualdad y la pobreza es inmensa y lo que necesitamos son propuestas políticas que ofrezcan alternativas de cambio y de transformación social y no líderes que se dediquen a construir miedos y a decir mentiras para poder perpetuarse en el poder. Que cada cual vote por quien quiera pero con base en el uso de su razón y no en la movilización emocional y ciega de sus temores. Las secuelas que nos dejó el conflicto son muy graves y necesitamos reconstruir la confianza y la esperanza.

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