1968-2018

1968-2018

Enero 24, 2018 - 12:20 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Estamos acostumbrados a asociar la idea de revolución con una serie de símbolos que la representan (multitudes, acciones militares, sangre, derrocamientos, heroísmos) tal como ocurrió, por ejemplo, en la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa, en el asalto al Palacio de Invierno en San Petersburgo en 1917, o en la llegada de los ‘barbudos’ al palacio presidencial en Cuba en 1959. Pero estas revoluciones son de poca vida porque rápidamente sus protagonistas reproducen las peores prácticas del mundo que querían sustituir. Las verdaderas revoluciones, por el contrario, son las que no hacen tanto estruendo y no tienen como condición la toma del poder político porque ocurren de manera sigilosa, impredecible y lenta en el tejido social. Esto fue lo que ocurrió en el mundo occidental con la ‘revolución cultural’ de los años 1960, que transformó las relaciones entre los adultos y los niños, los hombres y las mujeres, la organización familiar, la posición de los grupos sociales como los negros, los estudiantes, los indígenas, las mujeres, los jóvenes. Y la apoteosis de esta revolución fue sin lugar a dudas el año 1968, cuyo cincuentenario celebraremos este año. La prensa y revistas estarán inundadas seguramente a lo largo de estos doce meses por artículos conmemorativos.

Todo un conjunto de procesos sociales parecieron coincidir en ese momento. Señalemos al menos tres. En primer lugar, el asesinato de Martín Luther King el 4 de abril de 1968 que se convirtió en el símbolo y la culminación de lo que había sido el Movimiento por los Derechos Civiles impulsado por los negros de los Estados Unidos y que había comenzado desde el principio de la década con movilizaciones espontáneas de protesta por las innumerables discriminaciones de la que habían sido objeto a lo largo de varios siglos. La reivindicación que estaba en juego era muy sencilla: igualdad de derechos políticos para los sectores marginados.

En segundo lugar, la llamada ‘primavera de Praga’, un movimiento de oposición contra el régimen totalitario impuesto por la Unión Soviética en Checoslovaquia, que buscaba la implantación de libertades políticas mínimas como la existencia de partidos políticos diversos, la libertad de prensa, el derecho de huelga, la posibilidad de que las expresiones artísticas se desarrollaran por fuera de todo ‘dirigismo’ proveniente de la élite en el poder. La movilización popular comenzó en enero y terminó con la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia el 20 de agosto, que llegaron a imponer el orden. Sin embargo, este breve período de apertura política marcó la pauta de lo que sería posteriormente el derrumbe de los regímenes socialistas.

En tercer lugar, el llamado ‘Mayo de 1968’ impulsado por los estudiantes de las universidades de París. Todo comenzó con una huelga de estudiantes que pedía que a los chicos no se les impidiera el ingreso a las residencias estudiantiles femeninas en la Universidad de Nanterre, en la periferia parisina. Pero el movimiento fue creciendo hasta el punto de paralizar el país y propiciar la huelga general más grande de la historia de Francia y la renuncia del presidente Charles de Gaulle. La movilización estudiantil tuvo réplicas en varios países, una de las cuales terminó con la ‘masacre de Tlatelolco’ el 2 de octubre, responsabilidad del gobierno mexicano de la época.

1968 no fue un año cualquiera: representó sin duda un punto de quiebre y un preámbulo de lo que serían las décadas posteriores. Los tres aspectos señalados no son más que un abrebocas, porque la lista de los grandes acontecimientos es mucho más larga. Los profesores del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle ofreceremos a lo largo del año una serie de conferencias conmemorativas en la sede de Meléndez.

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