Tour de Francia

Julio 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

El cubrimiento de la televisión en la famosa carrera ciclística Tour de Francia, es espectacular. El despliegue técnico televisivo permite observar el discurrir de la competencia entre los ciclistas participantes y entre los equipos de diversas nacionalidades. También muestra la topografía y geografía de las regiones por donde pasa la caravana en una cátedra de ecología, ingeniería, economía, agricultura e historia única, que devela cantidad de mitos y leyendas ocultos.Con sólo mirar desde el aire los techos de las viviendas, antiguas y modernas, castillos e iglesias impecables, sin un solo techo roto ni teja levantada o con hojas de zinc oxidadas volando al viento, podemos establecer la distancia cultural que nos separa. Los que padecen el ‘complejo de pobreza’ dirán que esa es la causa de semejante diferencia, al comparar los techos y ranchos de nuestras viviendas apreciadas durante la Vuelta a Colombia con la estética y pulcritud observadas en las europeas. Olvidan estos personajes que la cuestión no es de raza solamente; es también de tiempo, representado en milenios como los gastados por los europeos para culturizarse mientras nosotros acá apenas llevamos escasos quinientos años luego de la Conquista.Deben haber gozado los profesores y docentes de universidades y colegios con el despliegue de ‘desarrollo sostenible’ observado al paso de la caravana ciclística por los países bajos. Ahí se aprecian los espacios abiertos donde existieron frondosos bosques, con amplia fauna, ahora convertidos en cultivos y más cultivos de alta producción, combinados con otros sembradíos en tierras quitadas al mar con reservas dedicadas a la biodiversidad.En la antigüedad los europeos talaron sus bosques con virulencia una vez descubrieron y aprendieron a manejar el hierro para fabricar hachas y elementos de labranzas. Fueron insignes depredadores tumba-montes durante milenios. Todo lo fabricaban con madera: viviendas, mobiliarios, inmensas flotas de barcos, carruajes, armas, pero tuvieron la fortuna de haber sido alcanzados por la tecnología moderna que les evitó la conversión de sus tierras en desiertos, como les ocurrió a los pueblos bíblicos de la Mesopotamia a los cuales no les llegaron esos conocimientos a tiempo.Al observar desde el aire los grandes territorios por donde discurre el Tour de Francia, nos damos cuenta de la enorme deuda que tiene Europa sobre todo con América del Sur, donde producimos, mal que bien, el oxígeno que ellos han dejado de producir con la deforestación a que sometieron su continente para mostrar el portentoso desarrollo visto por la televisión en el Tour.Acá en nuestro país la deforestación comenzó desde el primer momento que un conquistador pisó tierra colombiana, y la depredación continuó hasta nuestros días, solo que en los primeros tres siglos no se conocían los términos ecología ni biodiversidad y mucho menos desarrollo sostenible, aunque parece que ahora tampoco, pues han aparecido los eco-terroristas, a quienes los países nórdicos europeos, esos que se muestran en el Tour, les han dado valioso apoyo. ¿Qué pensarían estos países si a cualquiera de sus hermosos ríos y sus impecables puertos, se lo tiñeran con la mancha de petróleo como la de los ríos acometidos con saña en el santuario del Pacífico colombiano, por aquellos que ellos mismos han prohijado? ¿Qué les dirían al mundo de esa salvajada?Las universidades y colegios deberían suspender clases en el horario del Tour de Francia, para que los alumnos aprecien lo que podemos también lograr aquí, donde tenemos todos los elementos para hacerlo sin afectar el medio ambiente. Una manera de lograr la paz para alcanzar el desarrollo. Paz que se logra por las buenas en la mesa de diálogo, a las malas militarmente, o también por selección natural cuando desaparezca esta generación.

VER COMENTARIOS
Columnistas