Tercer aviso

Julio 30, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Desde hace sesenta años ingresé a la tauromaquia como aficionado y me correspondió durante este tiempo, hacer todos los cursos en las diversas áreas de la fiesta brava, de manera amplia. Hasta de puro atrevido estudié Medicina Veterinaria y Zootecnia. Me asiste entonces alguna experiencia, para manifestar que la fiesta brava, como la Iglesia Católica, se quedaron en el Siglo XIX. No evolucionaron.Al observar la pelea casada entre taurinos y antitaurinos, se me antoja, con todo respeto, que están equivocados de cabo a rabo. Sus argumentos los han expuesto ampliamente por los medios de comunicación. Pero no se trata únicamente de si el toro sufre en la lidia, lo cuál es cierto, o si el toreo es un arte, o si el espectáculo de la fiesta brava sirve para dar trabajo o no y todo lo que se pueda imaginar.El diagnóstico del problema es bien diferente y tan simple de identificar, que causaría risa en un seminario de mercadotecnia y se enuncia así: “La juventud, desde hace rato, no quiere ver sangre en las corridas de toros” Y es la juventud la que pagará las boletas para asistir a toros de ahora en adelante. La educación en escuelas y colegios tiene una inercia propia que sin necesidad de grandes estratagemas de mercado, los alumnos aprenden a no pegarle al perro, a no cortar el árbol ni matar la mariposa, y esto lo han aprendido desde hace más de treinta años en los institutos docentes, en la televisión y en sus propias casas. Entonces, ¿Cómo diablos pretenden llevar a los jóvenes a los tendidos, si ellos no quieren ver sangre? La respuesta también es simple: para llevarlos es necesario modificar los procedimientos de la fiesta brava. Y existe la forma de hacerlo sin necesidad de afectar la parte estética de uno de los espectáculos más hermosos como es todo lo que acompaña a la fiesta brava. No es acabando con las corridas, porque si así fuera, de plano desaparecería de la faz de la tierra una bella raza de la especie bovina y no creo sean esas las pretensiones de los defensores de los animales.Increíblemente son los diestros, los empresarios, apoderados y algunos de los ganaderos, quienes se oponen a la modificación de la fiesta brava y van a hacer el ridículo porque si no lo hacen, tarde o temprano la van a modificar o a acabar de un plumazo en el Congreso de la República.Durante muchos años por medio de artículos de prensa, revistas, memoriales, radio y televisión, he manifestado las fórmulas para quitarle poder al toro bravo durante la lidia sin necesidad de producirle pérdida de sangre. He señalado por medio de la fisiología, sobre la pérdida de funciones vitales como la visión, oxigenación y la dinámica en general de la res, por causa de la pérdida de sangre durante la lidia como ahora se practica, pero de nada han valido estas razones técnicas, que el más elemental ser humano entiende.La fiesta brava debe continuar pero modificando la lidia. De resto ella solita se consumirá y se llevará en la rodada a empresarios, toreros, ganaderos y a todo el aparato sobre el cuál se sustenta el espectáculo. De eso no puede haber la menor duda. No se puede seguir pensando en corridas de toros al estilo del siglo antepasado, cuando estas puede ser más amables y divertidas para todos incluso para los antitaurinos y los de la sociedad protectora de animales.Vale la pena voltear la mirada a California en Norteamérica, donde se verifican corridas de toros cuatreños, sin emitir una gota de sangre y donde pastan más de 20 ganaderías de lidia.

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