¡Se sabía!

Enero 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Cuando los primeros humanos, cazadores recolectores, llegaron hace 10.000 años al territorio que hoy conforma la Republica de Colombia, encontraron un espacio geográfico diverso, donde comenzaron su proceso de adaptación al medio que les permitió sobrevivir en selvas tropicales, secas y húmedas, montañosas de niebla y planas inundables, igual que en helados páramos y hasta en los mismos infiernos con calores extremos. Sólo hasta hace unas cuatro decenas de años, se vino a conocer que aquellos primitivos pobladores padecieron también los fenómenos del ‘Niño’ y de la ‘Niña’, tal y como ahora los soportamos nosotros.Los ríos Magdalena y el Cauca, y todos los demás de la Nación, en épocas de invierno se salían de madre e inundaban las márgenes aledañas, con lo cual cumplían sus funciones del orden ecológico natural, consistentes en enriquecer esas áreas con los nutrientes que portaban en su caudal. De esta manera servían y sirven todavía para dar cumplimiento al ciclo reproductivo de los peces, aves y otros animales que viven en esos ecosistemas.La diferencia de los ‘niños’ de esas épocas con los de ahora está dada con que aquellos no encontraron un Canal del Dique en el río Magdalena en pésimas condiciones de mantenimiento, circundado por vías que se configuran en mortales diques de contención de aguas que en épocas como estas no dan salida a las aguas invernales. Tampoco encontraban diques como los ‘jarillones’ de Aguablanca en Cali, invadidos con peligrosísimas poblaciones humanas sin ningún control, con el beneplácito de las autoridades correspondientes.Al recorrer por estos días los territorios del país afectados por los ciclos naturales, que no son, entre otras cosas, sobrenaturales, se puede observar claramente que lo del Valle del Cauca fue apenas pálido con respecto a lo de las otras áreas del país. Todo porque unos ancestros, visionarios, resolvieron hace años darle solución al problema que encontraron los primitivos pobladores como eran los desbordamientos periódicos del río padre, el Cauca, y sus afluentes en épocas de invierno, con el proyecto de adecuación de tierras y manejo de aguas con medios técnicos como Salvajina y los ‘jarillones’, por medio de la CVC, un engendro que cumplió en su momento con el espíritu para el cual fue creado. La planicie vallecaucana se inició hace 40 millones de años con la formación de un gran lago en épocas geológicas, cuando el desplazamiento de las placas tectónicas del Pacífico formó los altos relieves de las dos cordilleras que aprisionaron sus aguas, las cuales sólo encontraron salida hacia el Magdalena con movimientos sísmicos que abrieron el boquerón del Cauca por el sitio de Pipintá en la vía hacia La pintada. Desde aquellas remotas fechas el lago comenzó su lento pero continuo desecamiento por esa brecha. En ese lapso las primitivas etnias formaron diversos cacicazgos como los Ilamas, Calimas, Yotocos y Malagana. Llegarían luego los españoles quienes encontraron al lago en sus últimos estadios de desecamiento. Momento fatal. Ahí comenzó a gestarse la debacle actual. Por toda la planicie, las vegas, laderas y montañas resonaron los hachazos de la deforestación en un insólito proceso que continúa hasta nuestros días sin mengua ni reposo.Lo que ocurre en el país en estos momentos se sabía que ocurriría, como siempre se supo lo que acontecería con el río lagunilla en Armero y como se sabe que ocurrirá en un futuro muy próximo, cuando las invasiones poblacionales en la cuenca del río Cali cumplan como lo vienen cumpliendo con sus asentamientos y deforestación a menos de dos kilómetros en línea recta de la Plaza de Cayzedo, en la ciudad de Cali.

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