Salgan del escritorio

Salgan del escritorio

Julio 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Acertado comentario sobre el notable desarrollo industrial en el norte del vecino departamento del Cauca hace Esteban Piedrahíta, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, en una de sus columnas. Señala discretamente el desconocimiento que tenemos sobre la vida de la región en muchos aspectos. Cuenta, y tiene por qué saberlo, que a media hora de Cali, en Guachené, cerca de Caloto, Cauca, funcionan decenas de empresas con alta tecnología, nacionales y extranjeras, instaladas ahí, las cuales exportan sus productos a diversas partes del mundo y dan ocupación a miles de obreros y empleados calificados. Este lugar, al norte del departamento del Cauca, casi en las propias calles de Cali, es uno de los principales polos industriales del país y muy pocos colombianos lo sabemos.En la Colombia centralista gastamos nuestras vidas productivas viajando en avión todos los días desde Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Medellín hasta Bogotá, influidos por la televisión y por sus erráticos directivos y programadores, sin conocer in situ en dónde estamos parados. Nos la pasamos en busca siempre de lugares turísticos y de negocios externos, sin tener en cuenta a los que tenemos aquí en cantidad tal que nos ahogamos en ellos.Denostamos todos los días de nuestras regiones considerando muy poco sus características y fortalezas, hasta terminar convencidos que estamos mal, pero muy mal, y morimos creyendo en ello y en las mentiras que nos inventan desde la capital. Así pasó recientemente en el Club Los Andes, hermoso sitio campestre de Coomeva, por coincidencia cercano a Guachené, donde se reunieron los cultivadores de caña, directivos de los ingenios azucareros, sindicatos, empleados, transportadores, paneleros, industriales, comerciantes y senadores e indígenas, todos juntos como los hermanos Corzo, aterrados por las noticias de Bogotá que pregonaban el abuso por los supuestos altos precios del azúcar producida en el valle geográfico del río Cauca. Ahí se convencieron y concluyeron que todos ellos conforman una sola empresa colombiana que produce el azúcar de alta calidad más barato del planeta después del Brasil, entre las trece naciones productoras en el mundo.Caso similar ocurre con la doble calzada al puerto de Buenaventura, que en los actuales momentos se hace creer desde la capital de la República que su construcción se debe a tal o cual gobierno, ignorando de buena fe o a propósito que este magno emprendimiento es un proyecto de vida del Valle iniciado en 1928, no precisamente por gobierno central alguno, sino por el regional de aquella fecha y que las ayudas de los gobiernos centrales de ahora y del futuro son apenas el justo finiquito del negocio en que los contribuyentes vallecaucanos pagamos los impuestos a la nación y esta, en parte, nos los devuelve en especie convertidos en túneles, viaductos, hierro, cemento y triturados. No es gratis. Y lo hace por la fuerza de la inercia del progreso, a sabiendas de que la vía favorece a todo el país. De lo contrario, ¿quién sabe, quién sabe?En Bogotá la descentralización ya les corre pierna arriba, es decir loma abajo. Ya se piensa que las doce o más horas gastadas por tierra en cubrir la distancia hasta Buenaventura, en el Pacífico, quedarán reducidas al tiempo transcurrido entre un desayuno con caldo de papa en Bogotá y el almuerzo con cazuela de mariscos en el puerto. Es el momento de salir a conocer nuestro ámbito, o estaremos expuestos a posar de incultos cuando nos visiten. Al presidente de una afamada empresa norteamericana le preguntaban sobre la causa de su éxito y respondía: “Yo paso el 20% de mi tiempo laboral detrás de mi mesa de trabajo y el resto por fuera, de visita, para conocer el entorno de mis clientes”.

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