Punto de referencia

Diciembre 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Un buen ángulo de referencia desde el punto de vista agrícola, con el cual comparar al departamento del Valle del Cauca en su avance y progreso, es el Estado de Israel, lugar con el que se dan curiosas equivalencias. Ambos poseen -según datos actualizados a la fecha- casi la misma área geográfica: Israel con 22.040 km2 y el Valle con 22.140 km2, de los cuáles el primero cultiva sólo 4.628 o sea el 21% de su territorio y el Valle lo hace en el 20% del suyo, es decir en 4.428 de la planicie, sus cordilleras y el andén Pacífico.La similitud y en algunos casos las diferencias, radican en que los israelíes solo pudieron aplicar su tecnología agrícola luego de transcurrir más de dos milenios soportando múltiples dificultades de todo orden, social, étnico y religioso, para poderlo hacer por fin en los últimos años del siglo pasado y comienzos del presente. Y lo hicieron transformando territorios desérticos pero fértiles, en zonas agrícolas altamente productivas por medio del aprovechamiento técnico y al máximo de sus ajustadas fuentes hídricas. En contraste los vallecaucanos lo hicimos diferente. En solo 400 años convertimos nuestro territorio lacustre, de grandes selvas inundables y cordilleras cerradas, en el culturizado espacio agrícola que comienza a evidenciarse en gran parte de su jurisdicción y que cualquier visitante nacional o extranjero puede comprobarlo fácilmente.Por supuesto los israelíes nos llevan algunas ventajas como por ejemplo, la de poseer 183 premios Nobel distribuidos por todo el mundo que son un aval técnico y científico en su desarrollo como pueblo de alto nivel. Allí está también su testimonio de poseer doscientas cabezas nucleares montadas en sus respectivos cohetes. El pueblo hebreo ha sido maltratado desde la antigüedad, comenzando con el primer mártir de su raza quien era también judío y luego los múltiples desplazamientos por el mundo hasta lograr su asentamiento definitivo en el lugar menos propicio, donde como lo dijo el general Ariel Sharon, “Moisés llevó al pueblo judío hasta el único punto donde no hay petróleo”. De igual manera acá él destino puso a los vallecaucanos en el único sitio del nuevo mundo donde no se podía llegar tan fácilmente. Aislados de Europa y la metrópoli santafereña por las cordilleras Central y la Oriental y sin comunicación con el Pacífico por efecto de la cordillera Occidental. Solo hasta la llegada del Ferrocarril del Pacífico, de gran aliento vallecaucano, en 1915 la región entró de manera definitiva a la historia moderna. Por estos lados y a pesar de nuestras limitaciones hemos escalado en Colombia hasta ser departamento líder del país. Ahora, si de martirologio se trata, la región vallecaucana lo padeció desde la Independencia colombiana, pues aquí empezó todo con hechos infortunadamente desconocidos por el resto del país, gracias al centralismo que hasta la historia patria manipula. Igualmente la nefasta violencia política de la nación tuvo en el Valle su especial nicho, este sí, bien conocido y divulgado por todos los medios posibles.Ante tantas ventajas comparativas del departamento y las atractivas perspectivas de avance inmediato en su desarrollo, como lo son la apertura definitiva al mercado asiático con la Alianza del Pacífico, la puesta en marcha de las autopistas en diáspora hacia los diferentes frentes del país: Bogotá, los Llanos Orientales y la Costa Atlántica y la ampliación del Aeropuerto Internacional Bonilla Aragón de Palmira con su amplia proyección a Europa, ¿qué más elementos serios requiere para promocionarse sin complejos al estilo de Israel, cuando hace 50 años comenzó por venderse como la región que convirtió al desierto en una despensa? Aquí lo hicimos trasformando ciénagas selváticas en la plataforma comercial internacional más importante de Colombia.

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