Protocolo

Protocolo

Agosto 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Con el oso que hicimos en Barranquilla durante la ceremonia inaugural de la Copa Mundo de Futbol Sub 20, se puso de presente el grave síntoma de falta de protocolo y etiqueta en los actos públicos, oficiales y privados, que se dan a todo nivel en Colombia.Un estudioso de esas artes dijo alguna vez que, “el hábito no hace al monje, pero contribuye en un 90%”. Tenía toda la razón. La buena presentación es definitiva en las relaciones humanas y la de Barranquilla era definitiva: nos estaban viendo por la televisión en más de medio mundo. ¡Qué vergüenza!Todo falló en ese pobre espectáculo. La luz, la transmisión por televisión, la escogencia de los artistas, con algunas excepciones, la frustrada alocución del señor presidente Santos, ¿dónde estaba el jefe de protocolo presidencial que permitió a su jefe salir al micrófono sin la garantía de que éste funcionara? Por Dios, en cualquier evento de esta naturaleza, nada debe fallar, nada.Lo que nos rebozó la copa a los vallecaucanos acostumbrados a la organización de eventos deportivos mundiales, fue la designación de los bailarines de salsa atlanticenses en representación del Pacífico colombiano. Francamente la directora coreógrafa Rosana Lignarolo le debe una explicación al país. ¿Cómo se atreve a poner a bailar salsa a unas respetables gordas, que servirían con buen efecto de modelos para las esculturas de Fernando Botero? ¿Acaso no entiende que los danzarines por ella escogidos, con su torpe presentación deterioraron ante el mundo el good will de los bailadores de salsa caleños, quienes donde se presenten muestran alta destreza en su ejecución?Si la señora Lignarolo hubiera tenido algo de sensatez habría escogido la representación del Pacífico entre las decenas de escuelas de salsa de calidad y categoría que por acá abundan y no hubiera dado el espectáculo atroz emitido por la televisión.En Colombia nos falta mucho en esto de la etiqueta y protocolo. Es un área del conocimiento, de mucha importancia para toda comunidad, llámese: nación, ejército, alcaldía, gobernación, gremio, colegio o simplemente la familia, en que la premisa de, “edad, dignidad y gobierno” debe prevalecer en ese orden, para establecer los principios de respeto y autoridad. Siempre en cualquiera de ellos la categoría la impone la buena o mala “presentación”. En nuestro medio y sólo a título de ejemplo, es frecuente ver el incumplimiento de muchos gobernantes y directivos a los horarios convenidos para su presentación en algún evento, sin ninguna consideración y respeto por la audiencia que cumplidamente los espera. Lo sucedido en Barranquilla es el resultado final de la falta de protocolo en todo el país. Quien no lo crea así, debe recordar el entierro del expresidente Alfonso López Michelsen, cuando sus despojos mortales fueron trasladados por la Carrera Séptima de Bogotá en una cureña halada por un vehículo de transporte de tropa, o la rasqueteada que les metieron los guardaespaldas de un presidente de Estados Unidos a las unidades de la Guardia Presidencial colombiana a la entrada del Capitolio. ¡Qué horror!Nos cuesta aprender lo bueno. Todos los días nos muestran por la televisión las presentaciones internacionales de eventos con las últimas técnicas de estilo y coreografía, muchas de ellas sin grandes costos pero con mucha imaginación y ni así aprendemos. En cambio rápidamente asimilamos lo malo como las bubucelas, que ya suenan en todos los estadios del mundial. Nadie puede soñar siquiera que esas tonterías sudafricanas las van a permitir en los estadios de Europa o en Asia. Ni de fundas. Aquí en Colombia como bobitos las vamos a considerar Patrimonio Cultural de la Nación, en menos de lo que canta un gallo.

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