Protagonismo extraviado

Protagonismo extraviado

Febrero 20, 2018 - 11:35 p.m. Por: Alberto Silva

Después de tres siglos de coloniaje y en vísperas del comienzo de la independencia colombiana, la cuenca del río Cauca estaba ya vestida con 19 poblaciones integradas todas al desarrollo de lo que luego llamaríamos occidente colombiano. Para que no haya equívocos, esta es, en su orden, la relación cronológica de sus fundaciones: Jamundí y Cali en 1536, Popayán y Marmato en 1537, Ansermanuevo 1539, Cartago, Buenaventura y La Vega de Supía en 1540, Santafé de Antioquia 1541, Caloto 1543, Buga 1554, Toro 1573, Roldanillo 1576, La Unión 1604, Tuluá 1630, Bugalagrande 1662, Alcalá 1701, Quilichao 1755 y Palmira 1773.

Este conjunto poblacional se nutrió durante los tres siglos con familias europeas, llegadas por el Pacífico a Cali después de atravesar a pie la selva del Istmo de Panamá en forma permanente, junto con las criollas formadas en la cuenca del río Cauca en duro trasegar donde formaron núcleos criollos de hogares ancestrales, los cuales se multiplicaron, establecieron caminos y utilizaron el afluente como autopista para comercializar sus productos genéricos y extender sus culturas. Practicaron los ejercicios administrativos establecidos por la corona española y tuvieron que tomar en los conventos la educación (escritura, lectura, gramática, aritmética y geografía), pues esta no se les daba en las escuelas, porque no las había, y además los españoles eran tacaños en otorgar educación a sus colonias. Recordemos que solo a los conventos de las diferentes órdenes religiosas que oficiaban como misioneras, llegaban los últimos adelantos de la ciencia y la cultura europeas.

A estas alturas se dieron movimientos de inconformidad de los criollos en la cuenca del río Cauca, como el ocurrido en Cali en 1743, (38 años antes que el de los Comuneros del Socorro en 1781), con motivo de la designación de don Gaspar de Soto y Zorrilla de franca tendencia monárquica nombrado como Teniente y Alcalde del Cabildo de Cali en contra del parecer del movimiento criollo que patrocinaba don Nicolás de Cayzedo.

Llegó a tanto el enfrentamiento que la sola acusación de Soto y Zorrilla ante las autoridades virreinales, explica el malestar criollo existente desde esa época en Cali. Acusación tomada del texto sin corrección ni enmiendas:

“La fracción de los Caycedos levantándose de mano armada y de hecho pensando contra la Real Justicia y vístose profanado el soberano respeto de la Majestad en sus Reales Ministros, sin que fuese parte a contener semejantes arrojos la Divina Majestad de cielos y tierra, expuesta en la plaza pública, escandalizada la ciudad, escalando la cárcel, sustraídos los reos de graves delitos; picada la horca con hachas y derribada en tierra, que había erigido el reverente respeto de la Real Justicia; profanando con ignominia los autos de buen gobierno que los señores jueces habían fijado, y embarazados antes de su publicación por el señor Vicario, Juez eclesiástico doctor José de Alegría y Cayzedo; vituperados los señores Alcaldes por los levantados, con improperios; solicitadas sus muertes con grandes instancias y acontecimientos, tirando con barras a derribar las puertas del señor don Gaspar de Soto y Zorrilla teniente actual y alcalde ordinario a la sazón donde se había refugiado para salvar su vida; y a destemplados gritos proferían los amotinados “mueran estos perros chapetones” y vivan los Cayzedos; como más relata y expresamente consta del Juicio sumario y causas que se hallan evocadas ante el Excelentísimo señor Virrey de este Reino”.

Por Dios, ¡qué testimonio más contundente del extravío de la historia patria que nos enseñaron! Existe expectativa por conocer la implementación de la reciente Ley de la República que obliga a la cátedra de historia en primaria y bachillerato del país. En el caso del Valle del Cauca, las autoridades de educación tienen la palabra.

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