Peor, el remedio

Enero 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Indudablemente el procedimiento para la tala de las swuinglias en la Avenida Pasoancho no fue el correcto. Hasta ahora no se sabe si tuvo el beneplácito de la entidad rectora de esta área de siembra y conservación de la cobertura vegetal de parques y avenidas. Que se haya efectuado en terrenos oficiales o privados, no tiene la trascendencia que se le ha dado por los medios de comunicación. Lo grave del caso fue que se hizo porque a alguien se le ocurrió. Algo así como si a cualquier persona le da por tumbar un poste de la luz, porque le estorba al frente de su casa, sin considerar los perjuicios que pueda ocasionar. Ni más, ni menos. Está bien que se proteste por el arboricidio, cualquiera que sea. Pero la penitencia o la sanción que se le aplique al infractor, debe considerarse con sumo cuidado, porque como dice el refrán: “En lugar de ponerle la fregamos, le ponemos…”, complételo usted. La explicación es muy simple. La swuinglia es una planta foránea traída al país, sin medir las consecuencias de su propagación. Es un limón espinoso utilizado para hacer cercados tupidos, con el fin de proteger predios y dividir propiedades. Tiene la letal particularidad de no permitir a las aves nativas construir sus nidos, ni tampoco les ofrece alimento.Pues de ese tipo fueron los árboles talados en la Avenida Cañasgordas y la sanción que se ventila para el infractor, es la siembra de más de doscientos árboles, como lo han dicho los medios, que por supuesto, ni corto ni perezoso la hará sembrando nuevamente esa especie, la cual se consigue a precios regalados, o simplemente esperará a que los muñones de los árboles talados, retoñen en cuestión de días, y parte sin novedad. Lo sensato es que el Dagma o los viveros municipales, aprovechen la oportunidad y suministren árboles nativos para corregir no el arboricidio, sino para optar por la afinidad al propósito de sembrar especies nativas benéficas para el embellecimiento de la ciudad.Algo parecido ocurrió con la transmisión televisada de la cabalgata ferial. Si bien su propósito fue bueno: ilustrar a los televidentes sobre el lindo tema de la equino-cultura, no se preparó a los presentadores, quienes no se acompañaron con verdaderos expertos del tema equino, para no caer en la desinformación y confundir a los televidentes. Se ha creído que esto de montar caballos, sobre todo para la cabalgata ferial, es de mayordomos, chalanes y palafreneros, que supuestamente ‘conocen’ de caballos, pero la cosa es bien distinta.Encaramar en un caballo a cualquier persona, sin los mínimos rudimentos para manejar equinos, es una barbaridad. Así como suena. El daño que se le hace al equino con el mal manejo de las riendas, sólo lo sabe él mismo. El caballo para una cabalgata, debe prepararse como un jugador de fútbol, con antelación y entrenamiento, para soportar el trajín de muchos kilómetros y el bullicio de la multitud, la mayor de las veces mal comportada -en honor a la verdad, está aprendiendo-, acompañada con la imprudencia de algunos caballistas, quienes llegan hasta montar niños o esgrimir perreros, simulando poses de potrero y vaquería.Si a todo esto le agregamos jinetes sin sombrero, la mayor afrenta a la cultura caballista, apaga la vela Domitila y vámonos. Es algo así como ver a un futbolista vistiendo overol en un partido, o a un médico en el quirófano operando en pantaloneta con los guayos puestos, ¡el horror! Lo mismo cuenta con la vestimenta, especialmente de las damas caballistas, la cual ha mejorado muchísimo, aunque todavía se ven algunas, listas como para entrar a la sala de ordeño.

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