¿Patrimonio?

Octubre 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Existe en Cali una casa de hacienda construida hace aproximadamente 300 años, donde ocurrieron importantes hechos de trascendencia para Colombia y que los arquitectos e historiadores consideran como monumento, patrimonio histórico y arquitectónico de la Nación. Allí nació Manuel Rodríguez de Villaseñor, el primer literato e historiador vallecaucano, autor de la obra ‘El Marañón y Amazonas’, tal vez también el primer jesuita americano designado Procurador de la Compañía de Jesús con sede en España y el primero en dar el nombre de Valle del Cauca a la planicie surcada por el río. En ese mismo lugar vino al mundo el prócer Joaquín de Caicedo y Cuero, y a finales del Siglo XIX el sitio fue escogido por el novelista vallecaucano Eustaquio Palacios como escenario de su novela ‘El Alférez Real’. Se trata de la Hacienda Cañasgordas.La legendaria casona se encuentra rodeada por todas partes, menos por el callejón de entrada, por seis prestigiosas universidades, la más lejana de ellas a escasos kilómetro y medio de distancia, y la más cercana a tiro de pedrada. Curiosamente en ellas se ilustran y preparan los futuros profesionales en humanidades, historia, arqueología, antropología, arquitectura y todas aquellas disciplinas para la formación de la futura Colombia. Universidades que acogen a millares de estudiantes ávidos de conocimientos para el desarrollo del ser humano en el cercano futuro. Entidades con inocultable solvencia económica y humana, ante las cuales se cae y desmorona ese monumento nacional que otras regiones del país quisieran poseer.Nadie tiene la explicación -o si alguien la tiene, sería bueno conocerla-, por lo cuál no se haya conformado un pool de la Academia constituido por esas universidades, para desarrollar allí, en Cañasgordas, un centro de la intelectualidad, que incluya la restauración del monumento con las facilidades correspondiente para un núcleo de eventos académicos. Qué pena que un normal columnista les tenga que hacer esta llamada de atención, pero no vamos a esperar a que las retroexcavadoras entren a demoler lo que queda de la hacienda para levantar en ese espacio edificios de interés ‘social’ y entonces sí, lanzar al viento este reclamo. Está visto y comprobado que la Fundación y el Municipio, encargados y comprometidos económicamente en su restauración, no van a ser capaces de hacerlo.Cuando se revisa lo acontecido en los espaciosos corredores, donde se trazaron las políticas de los rebeldes vallecaucanos, antes, durante y después del conflicto independentista y se cae en la cuenta de que estamos en presencia de un santuario de la Nación, se rebota hasta el más escuálido e indiferente de los ciudadanos. No es admisible que un lugar de esta naturaleza pase inadvertido por el cúmulo de universidades e instituciones escolares de alto prestigio de la región, sin que aparentemente se les mueva la aguja de la dinámica para darle solución a algo que dizque es patrimonio de todos.La Hacienda El Paraíso a donde hacen romería a diario gentes de todo el país y el extranjero, padecía de igual manera hace 50 años el abandono del Estado, pero gracias al empeño del gobernador Carlos Sardi Garcés y su secretario de gobierno, Rafael Navia Varón, lograron comprar y restaurar la mansión Issacsiana que hoy es orgullo de la región. Con ella se salvó un símbolo de la literatura vallecaucana y de paso se creó una fuente de cultura y turismo que hoy es punto de desarrollo turístico en el Valle del Cauca. ¿Qué pretexto nos falta para hacer en Cañasgordas algo parecido, donde una población -hablando únicamente de la de Cali- de aproximadamente tres millones de habitantes, clama por sitios de cultura, educación y turismo, cuando éstos se encuentran a escasos metros de su entorno?

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