Pagamos la factura

Julio 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Para conmemorar la firma del Acta del Cabildo de Santiago Cali del 3 de julio de 1810, el Concejo de la ciudad y su alcalde Rodrigo Guerrero tomaron la determinación de honrar la memoria de los doce patriotas caleños fusilados durante la Guerra de Independencia en la Plaza Mayor, hoy Plaza de Caicedo. Descubrieron una modesta placa con los nombres de los patriotas inmolados. Los asistentes al acto y los medios de comunicación no alcanzaban a entender como en ese lugar habían sido fusilados tantos caleños, por el grave delito de ser traidores a la corona española, más aún, cuando la historia oficial siempre ha vendido la conseja de que los fusilados en la Independencia fueron ejecutados en Bogotá, Popayán y Cartagena.Dos siglos tuvieron que pasar para exaltar los nombres de todos aquellos mártires. Largos años de olvido, desdén e ingratitud de nosotros sus descendientes, quienes preferimos destinar el suelo de la Plaza, otrora bañada por la sangre de los rebeldes caleños, a ser la sentina que recibe todos los días los escupitajos de lustrabotas, loteros, maromeros y público en general, que no tienen ni idea del sagrado terreno que pisan. Y no tienen por qué saberlo: nadie se los enseña. Alfonso López Michelsen en su gobierno trajo dos funcionarios de la Unión Soviética para asesorar al Ministerio de Educación y en el colmo del mamertismo político, tomó la insensata determinación de acabar con la cátedra de 75 horas de Historia Patria en las escuelas y colegios y ahí tenemos los resultados. Se acogieron a la contradictoria y estúpida tesis de que no se le debe rendir homenaje al hombre sino a las ideas. Curiosamente por estos días, las naciones más desarrolladas del mundo rinden homenaje a sus caídos en el desembarco de la Normandía durante la II Guerra Mundial.La Plaza de Caicedo es testigo de hechos memorables determinantes en la formación del país como nación. Sucede que en Bogotá se hacen los pendejos y nosotros acá les ayudamos ejerciendo él pendejismo. Por fortuna el alcalde Guerrero y el Concejo identificaron una de las causas de la falta de arraigo y sentido de pertenencia de los ciudadanos. Buscan la forma de darle a Cali su valor histórico ante la nación. Así como se acertó con el hundimiento de la Avenida Colombia, piensan también darle a la Plaza de Caicedo el destino que se merece por ser el nicho de hechos trascendentales. Tienen los elementos necesarios para convertirla en Santuario de la Patria. Reconocer a doce de sus hijos como mártires de la nación es el pago de una factura que debíamos. Faltan por pagar los intereses por mora de dos siglos que redimirá esta administración con el sólo compromiso de convertir a la Plaza de Caicedo en lo más digno de la urbe. Hay que darle el mismo sitio ante el país como se hace con la salsa, el deporte o la feria.

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