Otros once del patíbulo

Septiembre 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Miles de personas deambulan a diario por la Plaza de Caicedo, emblema de Cali. Cualquier desprevenido turista pensará con espanto sobre el grado de incultura que se muestra ahí. Da pena expresarlo así, pero hay momentos de la vida en que debemos desbridar las úlceras para dejar lugar a nuevas células y las heridas puedan sanar.La legendaria plaza de las gestas heroicas, es lugar sin consideración por lo estético, lo histórico, lo urbanístico o lo emblemático. Exhibición permanente de mendigos, vendedores ambulantes, tinterillos, todos con derecho al trabajo pero en el lugar equivocado, con la venia de las autoridades y la del ciudadano común que no hacen ni señas por corregir tal permisividad, por la simple razón de que desconocen lo sucedido en ese lugar ahora convertido en muladar. La cátedra de Historia Patria fue sacada de los programas escolares por el Ministerio de Educación hace 30 años y he ahí el resultado. Hace poco comentábamos sobre el fusilamiento en Pasto de once patriotas vallecaucanos durante la Independencia incluido el prócer Joaquín de Caicedo y Cuero quien da su nombre a la Plaza. Pues allí donde escupen, orinan y tiran basura, fueron fusilados otros once caleños en los años de la liberación patria. Sus nombres: Manuel Santiago Vallecilla, Buenaventura Barona, Silvestre Chatré, Nicolás Morales, Vicente Segundo Pisa, José María Herrera, Manuel Joaquín Fajardo, Narciso Quiñones, Francisco Barrera, Marino Velasco y Javier Perlaza. El primero fue fusilado el 24 de septiembre de 1816 y su cuerpo colgado como escarnio por dos días, una cuadra arriba en la actual esquina de la Calle 10 con Carrera 4. Su pecado: ser el primer gobernador criollo de la Provincia de Popayán una vez tomada su capital por las tropas de las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca, tras la Batalla del Bajo Palacé.Con motivo de la construcción de la Plazoleta de la Caleñidad a tres cuadras de la de Caicedo, existe un plan para adecuar estos dos espacios. El alcalde Guerrero, defensor de la historia y los valores, seguramente tomará las determinaciones para corregir lo que ocurre con la Plaza de Caicedo. Pero no está por demás insinuarle respetuosamente, que comience una política de culturización de la ciudadanía sobre los hechos trascendentales desarrollados en ese espacio sagrado. También encontrarle su destino: la Plaza, sólo debe ser pisada, además con respeto, por personas que conozcan de ella debidamente guiados, igual a como se pisa cualquier otro Templo con la reverencia que se merece.A propósito de la Plazoleta de la Caleñidad, y ante la siembra programada de palmas, vale la pena recordar que lo hagan con palmas nativas, como palmas zanconas, de vino u otras, pero nativas. No persistan con las palmas botella o cubanas.

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