Oportuno reconocimiento

Marzo 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Hace cinco años, cuando nos aprestábamos a conmemorar el bicentenario de la Independencia de Colombia, una llamada telefónica desde Salento en el Quindío me sorprendió. Procedía de la Alcaldía de esa ciudad y quien llamaba deseaba saber en qué fecha había pasado el Libertador Simón Bolívar por esa localidad rumbo a Santafé de Bogotá, para sumarla al paquete de hechos con interés histórico ocurridos ahí, y poderlos narrar a los turistas que visitan cada día con mayor profusión la localidad quindiana.Contrasta el gesto de la alcaldía de Salento, con el desinterés por esos mismos temas de nuestra historia regional vallecaucana, que acá no intentamos siquiera mostrar a los visitantes. Temas que curiosamente poseemos en abundancia y a los cuales no les paramos ni cinco de bolas. Valga la excepción de El Cerrito, municipio con vocación turística, donde parece que su Alcalde propiciará el homenaje a un hijo de la ciudad: Agustín Navia Pontón, mártir de la Independencia, fusilado el 5 de julio de 1815 minutos antes del comienzo de la batalla de El Palo, que entre otras cosas cumple su bicentenario dentro de cuatro meses, pero que olímpicamente los vallecaucanos desconocemos. Varias circunstancias se dieron para que ocurriese el fusilamiento del joven patriota de El Cerrito, caso único en que un soldado es fusilado precisamente al comienzo de una batalla.La batalla del El Palo fue la trascendental confrontación entre las tropas realistas y patriotas, realizada en el sitio del puente sobre el río Palo en la salida de la Cordillera Central hacia el valle geográfico del río Cauca, donde otro cerriteño, el general José María Cabal, quien era el comandante supremo del ejército republicano sería la estrella del combate. Allí entre las fuerzas patriotas estaba el joven soldado Agustín Navia Pontón formando parte de la descubierta, a quien junto con otros compañeros se le había encargado vigilar la avanzada enemiga. Hecho prisionero sorpresivamente a las cuatro de la mañana, fue interrogado por el comandante español general Aparicio Vidaurrázaga, quien le preguntó si el general Cabal poseía artillería. El soldado negó que el ejército patriota la tuviera, (la artillería patriota se encontraba escondida, camuflada con maleza en un altozano que dominaba el campo de batalla) por lo cual el desconfiado comandante español lo puso en capilla y condicionó su fusilamiento inmediato al momento en que sonara el primer cañonazo de artillería patriota.A las seis de la mañana sonó el primer disparo de cañón republicano que retumbó en el boquerón del río Palo. Instantes después se escuchó la descarga del piquete de fusileros realista que apagó la vida del joven cerriteño a quien todavía se le debe el homenaje por su sacrificio. Estas son historias desconocidas que debemos rescatar para no seguir comiendo cuentos de otras inventadas, a las cuales nos han tenido acostumbrados por años.En los amplios separadores de la doble calzada que circunda a El Cerrito por su costado norte, se encuentran espacios disponibles para utilizarlos en el levantamiento del monumento que se debe erigir en homenaje a Agustín Navia Pontón. Cuantas ciudades del país quisieran tener motivos como este para exaltar a sus gentes. Por mucho menos que el fusilamiento del soldado cerriteño, otros pueblos han establecido hitos culturales que les han puesto de inmediato en la geografía de la nación.Aparecerán como siempre opositores de la obra. Vale la pena pensar entonces si habrá que esperar otros cien años más, para que los bisnietos de los actuales habitantes de El Cerrito, decidan acometer la obra que sus bisabuelos no tuvieron el valor de levantar. O al menos ahora colocar la primera piedra como se hizo recientemente en Buga con el monumento a la vallecaucanidad.

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