Once del patíbulo

Once del patíbulo

Julio 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Dentro de seis meses se cumple el bicentenario del fusilamiento de Joaquín de Cayzedo y Cuero en la ciudad de Pasto, ocurrido el 26 de enero de 1813 a las cuatro de la tarde. Junto con él, ese mismo día fueron pasados por las armas diez vallecaucanos más, uno tras otro, de dos en dos o de a tres en tres, para que no haya lugar a discusión, en tétrica fila india ante la mirada espantada de los casi 400 compañeros más, remedos de hombres quienes habían caído prisioneros con ellos en la primera campaña de independencia y que llevaban más de ocho meses pudriéndose en las oscuras cárceles de Pasto, muriéndose de frío, hambre, enfermedades y parásitos.El parte oficial del fusilamiento dice: “En este día han sido pasados por las armas don Joaquín de Cayzedo, el angloamericano Alejandro Macaulay y diez soldados de tropa de Cali”. Fueron once los patriotas inmolados excluyendo a Macaulay, quien había traicionado a Cayzedo y en el juicio que se les siguió había declarado en su contra, ocasionando la sentencia para todos los que en ese día fueron fusilados. Cerca de 300 soldados del resto de sus compañeros fueron enviados como esclavos a las selvas de Macas en el pie de monte amazónico ecuatoriano. Por Riobamba sólo pasaron 60 y apenas 6 llegaron a Macas.Este tremendo drama es desconocido sistemáticamente en la historia oficial del país, pero no puede serlo en la nuestra, en la del Valle del Cauca. Estos patriotas fueron los primeros inmolados por fusilamiento durante la Independencia. No fueron otros. Y no se ha honrado a nivel nacional en la debida forma su sacrificio y es deber nuestro hacerlo en la tierra que los vio nacer. Les corresponde a la Gobernación del Valle y a las alcaldías liderar la divulgación de estos hechos y hacerlos conocer de la Nación entera. Este anonimato no puede seguir. Ahí tiene el nuevo Gobernador un buen pretexto para unificar los sentimientos de este pueblo que desconoce hasta la tumba dónde están enterrados sus seres más queridos.El ‘Comité del Bicentenario de la Independencia Vallecaucana’ en su programa de reivindicar los hechos bicentenarios de la gesta emancipadora donde la región fue actor principal, se encuentra empeñado en sacudir a la dirigencia regional para que despierte y se dé cuenta de la importancia de inculcar en los jóvenes el respeto y el honor que corresponde a nuestros próceres y mártires.Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, una embajada de varios países europeos visitó a los Estados Unidos con la misión de conocer los notorios adelantos de la industria norteamericana. Un importante dirigente del Gobierno los recibió en un destacado acto público, donde les recomendó que antes de visitar las grandes fábricas de automotores, o el complejo sistema ferroviario, las grandes firmas diseñadoras y fabricantes de aviones, o los grandes emporios de la cinematografía, así como los centros de investigación, los invitaba a visitar primero sus monumentos recordatorios de la esencia su país, porque en ellos estaba representado el espíritu de los ancestros quienes engendraron su nacionalidad.A qué entonces tanta resistencia por expresar aquí el protagonismo logrado por el Valle del Cauca y que cada día lo velamos más, como si la intención fuera dejar morir a nuestra juventud antes de conocer la forma en que se labró este pedazo de país, que asombra a muchos y causa sentimientos encontrados a quienes nos visitan. ¿Cómo explicarles el contraste del desarrollo económico a los ojos del visitante, con el destartalado manejo administrativo oficial que padecemos?

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