No se amarguen

Abril 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Ahora que les ha dado a muchos desconocedores del tema del cultivo de la caña de azúcar, por dolerse de la cantidad de esa gramínea sembrada en el valle geográfico del río Cauca, (léase: Cauca, Valle del Cauca, Quindío, Risaralda y Caldas), bien vale la pena recordarles, cómo fue el paseo por estos lados para poder mostrarle al mundo el esplendoroso espectáculo de los cultivos de caña en la planicie vallecaucana, tal como lo hacen a la N potencia, en Brasil, Hawái, Australia y el Perú sin temblarles la voz. Para empezar, la planicie a la llegada de los europeos en la Conquista estaba cubierta por una espesa selva lacustre, vestigio de un hermoso lago que cubría en épocas geológicas 426 mil hectáreas. Allí comenzaron nuestros ancestros a derribar esa selva durante cuatro siglos, y su piso ahora, se encuentra  empedrado con sus propias calaveras. No conocían ni en sueños el término biodiversidad, que apenas hoy lo entendemos aunque todavía muchos lo ignoran, como tan poco lo conocían los norteamericanos quienes derribaron inmensas áreas de su selva nativa, igual que ingleses, alemanes y demás europeos, los cuales exhiben hoy con orgullo, incomparables cultivos donde antes habían monumentales parques naturales.En la medida en que se iban abriendo espacios en el valle geográfico, se ensayaban cultivos de todas las pintas y colores, nativos y foráneos, en una epopeya indescriptible que desde los cómodos sillones de nuestras grandes ciudades jamás podremos entender. Nuestra juventud a duras penas conoce cómo se produce, dónde y con qué, un litro de leche. Mucho menos sabe el trasfondo científico que se desarrolla en los centros de investigación para producir una libra de fríjoles de calidad óptima, como nunca soñaron los abuelos producir y saborear.Casi todos los cultivos de especies nativas y ajenas, se han intentado en el valle geográfico del río Cauca desde la Conquista hasta hoy, donde siempre ha prevalecido el de la caña sobre los demás, por ser una planta favorecida por las condiciones agronómicas especiales del medio vallecaucano, así como en la sabana de Bogotá sus características favorecen a los cultivos de flores. No pretendamos aspirar ver la planicie vallecaucana como lo era hace doscientos o cuatrocientos años. Es imposible. Sería lo mismo si deseáramos conocer el aspecto de Inglaterra  o de muchas de las naciones europeas, que fueron prácticamente desmanteladas de su cobertura vegetal, hasta cuando los avances tecnológicos lograron aterrizar el desarrollo sostenible para evitar continuar con la hecatombe.Miremos más bien los logros obtenidos por el cultivo de la caña de azúcar en lugar de hacernos mala sangre. Desde el mismo momento de la salida del sol todos los días, 2.750 cultivadores de caña ponen en movimiento a un espectacular aparato integrado por 37 mil empleos directos y 183 mil indirectos, distribuidos en los campos de sembrados, maquinaria, empresas trasportadoras, fábricas y demás elementos necesarios en toda organización comercial y logística, para operar la siembra, cultivo, corte, cargue, molienda, procesamiento y transporte de 700 hectáreas de caña cada 24 horas, con un trasfondo de investigación científica, operado desde Cenicaña, Centro de Investigación, primero en el mundo, desde donde se conoce qué variedades están sembradas en cualquiera de los suertes de las 228 mil hectáreas en el espacio de la planicie del valle geográfico, que pertenecen: el 76 % a los cultivadores y el 24% a 13 ingenios.Razón tiene Fedesarrollo al afirmar que el resultado económico social más alto se obtiene en los municipios cañicultores, con respecto al resto de municipios agrícolas del país. Así mismo, las necesidades básicas están más cubiertas en aquellos municipios con presencia de actividad de la caña, que en aquellos donde existen principalmente otros cultivos.

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