Memoria escondida

Memoria escondida

Agosto 31, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Con el propósito de recuperar la memoria de los hechos históricos en que estuvo comprometida la región vallecaucana en la Independencia, olvidados sistemáticamente por la historia oficial del país, es importante recordar dos eventos trascendentales que cumplen su bicentenario dentro de cuatro meses, a los cuales seguramente en Bogotá no les pararan ni cinco de bolas. Se trata de las batallas del Alto Palacé y la de Calibío, libradas en las goteras de Popayán entre las tropas realistas de Juan Sámano y las patriotas de Antonio Nariño, durante la Campaña del Sur. Revisten especial importancia, porque en ellas, la tercera parte de las tropas patriotas (600 hombres) eran el saldo de las legendarias y heroicas Ciudades Confederadas del Valle del Cauca; las otras dos terceras partes estaban conformadas por combatientes de las Provincias Unidas de Cundinamarca, Socorro, Tunja y Pamplona. Desde la Provincia de Antioquia su presidente don Juan del Corral, había destinado como ayuda a Nariño un batallón de 200 hombres al mando del coronel José María Gutiérrez, quienes entrando por Cartago debían sumarse a los del prócer en las cercanías de Popayán. Estos se negaron a cumplirle a Nariño y a cambio se quedaron en Cali haciendo proselitismo armado para tratar de adherir el Valle a esa provincia, mientras los varones vallecaucanos se jugaban la vida en los campos de batalla del Alto Palacé y Calibío a 120 kilómetros de distancia. Todo esto lo ha tenido escondido la historia oficial colombiana. Ahora lo contamos sin rodeos: el prócer Antonio Nariño como comandante general del Ejército de las Provincias Unidas de la Nueva granada, vino a la Campaña del Sur no porque a él se le hubiera ocurrido, ni a sus asesores tampoco. Nariño vino a instancias de su antiguo compañero de prisión el general vallecaucano José María Cabal con quien había traducido e impreso ‘Los Derechos del Hombre’, por lo cual habían sido enviados juntos a las cárceles de España 19 años antes, en 1794. Eran por lo tanto muy amigos.Después del desastre y fusilamiento de Joaquín de Caicedo y Cuero en Pasto, José María Cabal toma la bandera de la libertad que dejó el prócer caleño, y viaja con 200 hombres a pie por el camino de Cartago, las montañas del Quindío e Ibagué hasta Santafé de Bogotá, para encontrarse con su antiguo compañero de prisión. Lo convence de la importancia de armar una expedición para ir por Neiva y La Plata, transmontar la inmensa Cordillera Central y por el páramo de Guanacas bajar a Popayán a continuar la lucha empezada tres años atrás por las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca y libertar el sur. Con una impresionante caravana de cerca de 2.000 hombres integrada por combatientes de casi todas las provincias neogranadinas, con caballerías, artillería, bagajes, carpas, alimentos, armas y municiones, seguidos por un séquito de cientos de mujeres conformado por esposas, amantes y familiares encargados de la intendencia de la tropa, salió Nariño de Santafé de Bogotá en septiembre de 1813 por la vía de Purificación, río Magdalena arriba hasta La Plata rumbo a Popayán. Un tema ideal para Steven Spielberg, que entendería de inmediato la hazaña de los patriotas en el desarrollo de esa travesía cuando no contaban con suero antiofídico, vacunas contra la malaria, quinina, alimentos enlatados ni anticonceptivos para las tropas.En Neiva, Nariño consciente de los ímpetus libertadores de José María Cabal le nombra comandante de la vanguardia del ejército. Cabal cumple su cargo y junto con el coronel Enrique Virgo vence en el Alto Palacé y luego 15 días después junto con Nariño en Calibío, preludio de las hazañas que cumpliría hasta su fusilamiento en Popayán dos años después.

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