La huella hídrica

Noviembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Para que usted amigo lector pueda tomarse una aromática taza de tinto caliente mientras lee estas líneas, debe haberse cumplido primero un proceso de varios meses, desde la siembra de la mata de café, su crecimiento, cosecha y procesamiento, hasta su beneficio final en forma de la espirituosa bebida que ahora tiene en sus manos. En ella la madre naturaleza invirtió 140 litros de agua (3,5 galones) para que su merced pudiese disfrutarla a sorbos. De ese tamaño es el asunto. En la tacita se está tomando el concho (90 cc) de esos galones de agua gastados por el medio ambiente, en lluvias y aguas de vertientes para las diferentes labores como riegos, nutrición de la planta, fumigaciones, abonamientos, lavado y demás. ¿Se imagina la mano de agua requerida por los miles de cafetos que allá quedaron en el cultivo de donde procede su tinto? Pues esas matas necesitan también agua para producir otros granos que luego serán procesados técnicamente hasta volverlos polvo para colar los tintos de mañana y de pasado mañana.A la figura anterior los científicos la denominan Huella Hídrica, una sabia y particular técnica moderna de cuantificar el volumen total de agua para producir bienes y servicios consumidos por los habitantes de un país, como en el caso de nuestro tinto del cuento. Si quiere seguir haciendo estos ejercicios didácticos, pues hágalo. Ahora durante el almuerzo pida un bistec a caballo. Los 300 gramos de carne en el plato, le cuestan 4.500 litros de agua a la naturaleza producirlos, y como es a caballo, el huevo le costaría 200 litros más y una botella de vino, otros 700 litros adicionales. Ni sigamos porque la Huella Hídrica le saldría cuantiosa. Costaría en agua, ahí sí, un ojo de la cara, porque de eso estamos constituidos los seres vivientes: del 70% de agua aproximadamente.Entonces por qué malversamos el agua, es la pregunta de los niños, no siempre respondida con la cordura del caso por los adultos. Como explicarles que necesitamos caudales de agua para tener a disposición una taza de tinto, una porción de carne, un huevo o cualquier elemento alimenticio o de distinto género, cómo ropa, calzado mientras por otro lado secamos las vertientes, incendiamos los bosques, contaminamos las aguas, y lo peor, a sabiendas de todo esto, hacemos muy poco por prevenirlo.Los ejemplos están por todas partes. Estamos torpemente indecisos para determinar de qué sitio vamos a traer el agua requerida por Cali en los próximos años, mientras ardemos por los cuatro costados con las quemas en todo el país. Qué vergüenza, que haraganes somos. ¿Que de dónde vamos a traer el agua?, pues del cielo, donde siempre ha estado en verano o en invierno, con fenómeno de El Niño o sin él, pero primero debemos reforestar las cuencas de los ríos, para que operen como colchón y esponja de las lluvias y así retenerlas para irlas soltando poco a poco y no de un solo viaje, como ocurre en cada aguacero causante de tragedias. Reforestación que intentan sin ganas los agricultores, como si el asunto no fuera con ellos. ¿De cómo vamos a hacer su acopio y conducción?, es otro cuento y se debe hacer también ya.Colombia ocupa el séptimo puesto en el ranking mundial de los países con mayor disponibilidad de recursos hídricos renovables detrás de Brasil, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Indonesia y China. A pesar de ser el más pequeño de los siete, es entre ellos el mayor depredador. Su biodiversidad supera a casi todos los países de las américas, lo que nos da idea del insensato despilfarro al que lo tenemos sometido. No se requiere de mucho estudio para probarlo.

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