La despensa

Noviembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Es hasta saludable lo que se ha generado por cuenta de las disposiciones sancionatorias contra uno de los sectores de la agricultura vallecaucana. Se han destapado los contradictores y malquerientes de la industria del azúcar y esto ha cohesionado el espíritu vallecaucano. Han aparecido personajes e instituciones, especialmente gremiales y medios de comunicación foráneos, quienes no ocultan su resentimiento sobre la región, al punto que debemos aclararles aspectos que de manera obstinada se resisten aceptar.Primero que todo deben entender que de las 426 mil hectáreas del valle geográfico del río Cauca (la planicie), solo 230 mil están sembradas en caña. Los 13 ingenios instalados en Risaralda, Valle del Cauca y Cauca son propietarios del 24% de esa área. Las restantes, el 76%, pertenecen a 2.750 cultivadores particulares. Ellos juntos, son los encargados de poner en funcionamiento todos los días un inmenso aparato logístico formado por casi 200 mil empleados, quienes cultivan y cortan diariamente 700 hectáreas de caña, la transportan, procesan, empacan y la distribuyen por todo el país y el exterior en forma de azúcar, etanol, alcohol, energía eléctrica, abonos agrícolas y productos complementarios de la nutrición humana y animal. El resto, el 50% del área de la parte plana del valle geográfico, también se encuentra cultivado con otros géneros agrícolas, cruzado por las mejores vías del país, y cubierto del más amplio tendido de hermosas ciudades donde cumplen sus necesidades biológicas, colombianos venidos de todas partes a quienes nunca se les niega el cálido albergue. Pero existe otro sector que desborda los límites del valle geográfico: el panelero. Que se encuentra establecido en todos los rincones de la nación y es el primero y más grande cultivador de caña del país con más de 450 mil hectáreas sembradas, del cual viven un millón de familias que serán las primeras afectadas por los fuetazos que pretenden darle a los azucareros por cometer el pecado de aspirar a evitar la entrada a Colombia de toneladas de azúcar, para ser derretidas y convertidas en panela por trapicheros furtivos y mercenarios, sacrificando y arruinando a los verdaderos cultivadores paneleros de todo el país.El valle geográfico del río Cauca desde el mismo momento de su descubrimiento comenzó la ardua labor de transformar su selva en tierras de cultivos. Y los ensayó todos. Ha prevalecido el de la caña. Qué vaina. Y eso es lo que irrita a muchos, por ser el más innovador en Colombia, aún con las fallas en el manejo del agua. Y van a tener que aguantárselo largos años hasta cuando los cultivadores de chontaduro para la frigidez o los de palma de jipijapa para fabricar sombreros ‘vueltiaos’ costeños y los ‘aguadeños’ de Suaza y Sandoná, hayan evolucionado a un punto de innovación tal de siembra, que los convierta en generadores de progreso y acabemos con el de la caña. Su escaza visión no les permite apreciar a Colombia como país poseedor 42 millones de hectáreas de tierras agropecuarias, hasta para botar, donde se pueden establecer cultivos inimaginables, aquellos que los mamertos de siempre recomiendan sembrar precisamente en el espacio que ocupa actualmente la gramínea en tierras adecuadas y tecnificadas del Valle. En otras palabras no saben en dónde están parados.Esta pildorita, nada más los aterriza. ¿Por qué no recomiendan sembrar técnicamente, como en el valle geográfico, tierras igualmente planas, abundantes y excelentes, en el medio y bajo Magdalena de Antioquia, Caldas, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Tolima y el Huila? ¿Por qué ese prurito de cargarle solo al valle geográfico del río Cauca la responsabilidad de ser la despensa de Colombia, si todo el país tiene características ideales para ser despensa de sí mismo? ¿Y en la Costa Atlántica qué?

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