Historia inédita

Historia inédita

Enero 09, 2017 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

El trascendental papel del valle geográfico del río Cauca en el desarrollo del país durante los tres primeros siglos siguientes al arribo de los españoles, sigue inédito. Y los pénsumes en la educación hacen muy poco por enseñárselo a la juventud. Como si nada hubiese pasado en ese lapso.Pero nunca es tarde. A los de la generación actual que pervivimos, nos corresponde al menos iniciar la tarea de divulgarlo y ponerlo en pantalla. Las generaciones que vengan atrás, que arreen.La épica llegada de las primeras reses vacunas al valle geográfico del río Cauca (planicie entre Santander de Quilichao y La Virginia) traídas por Sebastián de Belalcázar en su segundo viaje de España, embarcadas en la isla La Española (actual República Dominicana) que después de hacer la travesía del Istmo de Panamá a pie y luego en barco a Buenaventura, para trepar la cordillera Occidental de los Andes y llegar a Santiago de Cali, arruga al corazón más templado.Aquellas primeras reses no encontraron potreros, ni nada parecido donde procurar su alimento durante la travesía del Istmo. Tampoco los tuvieron durante el largo trayecto desde Panamá hasta Cali. Esto era mar y selva. Todos los semovientes, de uno y dos años de edad, eran alimentados en el camino con heno producido en los sitios de recría de La Española llevado a espaldas de indígenas cargueros, junto con los forrajes conseguidos en las selvas (silvicultura primitiva) por entre las cuales debieron transitar. El tiempo gastado en aquel viaje duró cerca de seis meses. Por tanto es de imaginar el lamentable estado que exhibieron las reses al llegar. Pero de que llegaron, llegaron. Fueron los primeros bovinos en cruzar Panamá en 1540 e iniciar la radical política de la Corona española por establecer paraderos de ganados y sitios de almacenaje de mercaderías de todo tipo, plata y oro peruanos, para pasar del Pacífico al Atlántico y viceversa. Tales lugares fueron Portobelo, Nombre de Dios, Natá y Panamá. Desde entonces Sebastián de Belalcázar pasó a ser el principal mentor de la ganadería del país por Cali, junto con la de Rodrigo de Bastidas por Santa Marta.Y siguieron llegando ganados de todas las razas desde la península ibérica. En los primeros cien años, los caleños desbrozaron la selva existente entre el área de su poblado y la casona Cañasgordas, la cual comenzaba a insinuarse al sur. En los amplios espacios de selva talada, propagaron las dos especies vegetales nativas: el pasto grama trenza, junto a la proverbial leguminosa, él mata-ratón, estableciendo así los grandes potreros que tres siglos después describiría José Eustaquio Palacios en su novela El Alférez Real. Detrás del ganado, llegaron los artesanos del cuero con sus talabarterías para dotar a las bestias de los elementos indispensables para sus labores camperas: sillas de montar, riendas, tendidos, sogas y rejos de enlazar, atalajes y demás. Llegaron también los especialistas en trabajar los cebos de res para la fabricación de velas y los expertos en la elaboración de quesos. Estaba configurado el primer ‘cluster’ (ridículo término de hoy) en la vida colonial.El establecimiento de la ganadería en el valle geográfico, sin duda, fue el músculo principal del virreinato que cumpliría especial papel en las guerras de la Independencia junto a los grandes yegüerizos levantados aquí, para producir las mulas y muletos, que dieron especial dinámica al papel cumplido por el valle geográfico del río Cauca durante la Colonia, Independencia y la República.Se completaría esto con la llegada de los primeros estolones de caña dulce para ser sembrados en Yumbo y dar inicio a la producción de azúcar, complemento alimenticio de la población humana convertido hoy en emblema de la región.

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