Epicentro revolucionario

Epicentro revolucionario

Diciembre 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Si bien el foco de la revolución de Independencia colombiana fue el claustro del Convento de San Francisco en Cali, como se lo manifestó el general José Concha a Francisco de Paula Santander, su epicentro estaba ubicado en la Hacienda Cañasgordas, desde donde fluía de manera soterrada hacia el resto del virreinato neogranadino. Eso está claramente probado por el eminente historiador caleño padre Alfonso Zawadzky. El propietario de la hacienda en aquel tiempo era don Joaquín de Cayzedo y Cuero, último Alférez Real de Cali, quien estaba fuertemente emparentado con la Casa Cuero y Cayzedo de Quito, que sería además el primer fusilado en las gestas patrias.Estas especiales condiciones del teatro donde se desencadenaron los acontecimientos independentistas al sur de la nación, muy poco conocidos gracias a la crónica desinformación en historia que padece Colombia, han llevado a un grupo de dolidos caleños a rescatar para siempre a la venerable casona de Cañasgordas y sus anexidades, naturales custodios de hechos memorables de la nación olvidados sistemáticamente por ella, para que sean conocidos ahora por todos los colombianos.A Cañasgordas se la recuerda siempre en Colombia por haber sido el hogar del Alférez Real de Cali, descrito por José Eustaquio Palacios en su novela, más no por su enorme protagonismo de siglos en el desarrollo del país. Por Cali cruzaron siempre durante los tres primeros siglos, las reses traídas desde las estancias de recría de ganado español en las Antillas que debían hacer el tránsito del Istmo a pie, desde Portobelo en el Atlántico hasta Panamá en el Pacífico, después en barco recalar en Buenaventura, subir por los cañones de los ríos Dagua y La Pepita y llegar al Valle para así empezar el largo poblamiento con reses vacunas en todo el piedemonte del territorio de los siete ríos donde se encuentra asentada la añosa casona, lugar de inicio de la ganadería del país por estos lados.Las razas Gallega, Murciana, Tudanca, Cacereña, Retinto Andaluz y muchas otras, fueron las que comenzaron a adornar con sus colores variopintos a las dehesas y potreros descritos por José Eustaquio Palacios en su novela. Con la multiplicación de sus crías, la ganadería trascendió a la otra banda del río Cauca dando lugar a las famosas razas de ganado criollo todavía existentes en Colombia entre ellas: el Hartón del Valle y el Blanco Orejinegro.En Cañasgordas se dio inició a buena parte de la industria de la caña de azúcar, como lo hizo primero Sebastián de Belalcázar en su Estancia de Yumbo y más tarde los hijos del capitán conquistador Pedro Cobo: Lázaro y Andrés, junto con Gregorio de Astigarreta en San Jerónimo de los ingenios, a orillas del Amaime, al otro lado del Cauca. Además, en los patios de la hacienda acamparon siempre las tropas patriotas durante los doce años del largo y doloroso proceso de Independencia.Hoy está en marcha la restauración de la casona, rodeada a lindes y a tiro de pedrada por seis (6) de las más prestigiosas universidades del país, las cuales apenas se enteran del grandioso Santuario Nacional que tienen por vecino.Se supone que las universidades tendrán a motu propio, notable participación en el plan de restauración y rescate de este bien arquitectónico-cultural de la patria, porque la del municipio, la nación y la Fundación Cañasgordas, están bien claras y definidas, y sería deseable que la de la academia fuese ejemplar. Como nunca. Porque Cali se lo merece y el país entero debe saber lo que aquí aconteció. No más desconocimiento de nuestra honrosa y ejemplar historia pasada. Se debe practicar a rajatabla el lema aquel de que: cuando se conoce la verdad, se debe reescribir la historia.

VER COMENTARIOS
Columnistas