El encargo

El encargo

Agosto 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Es difícil que la región vuelva a tener un hombre de la talla de Guillermo Barney Materón. Palmirano raizal, quien la semana pasada nos abandonó en este refugio terrenal, todo por irse tras de sus ancestros malagana en busca de bochinches para contar, como él mismo lo decía a cada rato. Fue un genuino representante de los agricultores de la región quien dejó regadas semillas de honestidad, generosidad, conocimientos y virtudes de todo tipo, a la espera de que sus paisanos las cosecháramos y las replicáramos para las generaciones futuras. Aunque es largo, muy largo y meritorio el historial de este patriarca, es preciso referirnos a dos de sus últimas aspiraciones más recientes.Humanista y antropólogo por antonomasia y el más fiel de los guardianes de la heredad vallecaucana, se refería a las virtudes, habilidades y saberes con que estaban dotados los primigenios habitantes del Valle del Cauca, antes de la llegada de los conquistadores españoles por estas tierras, en los siguientes términos: “Los modernos arqueólogos, antropólogos e historiadores son los desenterradores de todo un pasado humano que los actuales habitantes de un mundo de cambio acelerado, constante, virtual y globalizado, no conocemos y menos interpretamos”. Por eso mismo se enfrentó con ahínco a descubrir la historia de la vida de esos vallecaucanos prehispánicos que vivieron aquí 1.000 años antes de Cristo. Acompañado por un grupo de personas enchapadas a su estilo, abocó la repatriación de piezas arqueológicas fugadas después del saqueo de Malagana y contribuyó a la fundación del Museo Arqueológico de Palmira para su custodia, el cuál fue inaugurado hace un mes.Pocos días antes y de manera sorpresiva pasó por mí para ir a visitar el Centro Recreativo Vacacional de Comfenalco en Yanaconas, sitio que había sido el Colegio Yanaconas. Su colegio. Regentado por los Hermanos Maristas donde cursó el bachillerato en la década de los años 30 del siglo pasado. Fue emotivo este circuito pues yo lo conocía desde tiempo atrás. En las cercanías hice la pregunta de rigor: ¿A qué viene esta visita? -Pues a que te voy hacer un encargo-, me respondió. Un frío helado y premonitorio me recorrió la columna. De inmediato le ordenó a su motorista que se desviara hacia el sitio donde se levanta el monumento de La Virgen de los Andes, más conocido como de Yanaconas.A la vista de la monumental obra, de dimensiones y características similares a las de Cristo Rey, pero más elaborada, emocionado me manifestó que ella había sido diseñada y construida por un pastuso escultor, con materiales llevados inicialmente desde Cali a lomo de mulas. El rastrojo y el bosque secundario ya casi arropan esa descomunal escultura. -Este es otro de los monumentales hitos históricos a punto de perderse, porque la gente no conoce su historia- me manifestó, y agregó -ya no me queda el tiempo suficiente para motivar el rescate de este precioso monumento que vio pasar a generaciones de hombres prestantes de la nación, cuando Yanaconas era el colegio donde se preparaba buena parte de la dirigencia vallecaucana-.Yo agregaría, tomando las palabras que el mismo pronunció durante la celebración de los 80 años de la Sociedad de Agricultores y Ganaderos SAG.“Los líderes empresariales no pueden tener la cabeza enterrada en una cuenta bancaria, ni en el tubo de ensayo, ni en un computador. Tienen que desarrollar aptitudes para resolver y señalar el camino del mañana”. Más claro para dónde. Al monumento de Yanaconas debe tratarse como referente de la cultura regional. Tiene su propia historia y un bellísimo lugar en las mismas calles de Cali que hoy no se ve ni se disfruta.

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