Diáspora colonizadora

Mayo 09, 2017 - 11:55 p.m. Por: Alberto Silva

Cuarenta y cuatro años después del arribo de Cristóbal Colón a las Antillas, Sebastián de Belalcázar funda Santiago de Cali y empieza esta población a configurarse como la capital nodriza colonizadora de lo que hoy es el occidente colombiano. Trece poblaciones se fundan en estricto orden cronológico durante el primer siglo de conquista: Jamundí, Cali, Popayán, Anserma, Marmato, Cartago, Buenaventura, La Vega de Supía, Santafé de Antioquia, Caloto, Buga, Toro y Roldanillo, con ascendencia directa del Eje Colonial del río Cauca sobre ellas.
En todas se lleva un proceso semejante: desplazamiento físico y cultural de los nativos; mestizaje, combates armados y rivalidades religiosas; alta mortalidad entre sus habitantes ocasionada por enfermedades infectocontagiosas; deforestación y modificación de los hábitats de aborígenes y recién llegados.

Popayán toma la delantera y a los pocos años, la gobernación establecida en Cali, se traslada allá en busca del clima benigno del Valle de Pubenza. Cali no pierde su carácter de puerta de entrada del flujo migratorio por el Pacífico procedente del Asia y África con la ruta del Galeón de Manila; y de España por el Atlántico, a través del camino real en el Istmo de Panamá.

Durante tres siglos, cualquier familia de inmigrantes aspirantes a ser residentes en el Eje Colonial del río Cauca, necesariamente debían entrar por las bocas del río Dagua en Buenaventura, para hacer su aclimatación durante varios años en Cali y echar raíces para después avanzar en diáspora. Popayán también debió cumplir siempre con esta regla inexorable, pues les era muy difícil a los europeos llegar allá por la vía de Cartagena, Magdalena arriba, alcanzando a Santafé de Bogotá, para después bajar al río, cruzarlo, transmontar la Cordillera Central y por el Páramo de Guanacas, acceder a lo que modernamente llamamos la ‘Ciudad Blanca’. Para llegar a Popayán siempre ha sido más corta la vía por el puerto de Buenaventura - Cali.

Sólo quienes hayan visitado las selvas del andén del Pacífico entre Buenaventura y Cali, podrán entender lo que debieron soportar los primigenios habitantes: aborígenes puros, mestizos, negros y especialmente los blancos europeos para transitar los 130 kilómetros de camino selvático malsano y a pie hasta la planicie, vegas y laderas del Eje Colonial del Río Cauca donde comenzaba a generarse el desarrollo de esta región tal como la conocemos hoy.

Los primeros tres siglos de ese eje colonial, han sido de poco interés a la historiografía nacional, aún ahora, cuando disponemos de los elementos técnicos esenciales aportados por la Agronomía, Arqueología, Antropología, Arquitectura, Medicina, Ingeniería, Veterinaria y Biología, para sustentar los hechos épicos de esta media Colombia que afloran ahora con contundencia. Elementos que no estuvieron disponibles a los primeros historiadores en Bogotá, lo cual no les permitió conocer la verdad del occidente colombiano desde sus principios.

Es indudable que la corona española debió recurrir a la iglesia católica para dominar a la masa de analfabetas: aborígenes, europeos y africanos establecidos a tan enormes distancias en sus colonias. De ahí la cantidad de templos, conventos, monasterios y capillas doctrineras levantadas en cada poblado, que de acuerdo al número representaba su importancia cultural y política.

Estas trece poblaciones abrazadas al río padre, fueron el cuadrante con que se hizo la colonización del occidente colombiano en los tres primeros siglos, extrañamente desconocidos a propósito por el resto de Colombia. No existió ningún otro núcleo con esa fuerza colonizadora. Colonización acompañada de la netamente agropecuaria dotada de rústicas técnicas, con las cuales multiplicaron las poblaciones de ganado vacuno, porcino, equino, también las aviares y las variedades de vegetales ya domesticadas en Europa, Asia, África y en la misma América. En el segundo siglo comenzará a manifestarse esa vocación colonizadora.

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