CVC

Mayo 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Visto a través de la rendija del tiempo, el panorama que mostraba la planicie vallecaucana en épocas de invierno hace 60 años era desolador. De sus 426 mil hectáreas, el 30% eran afectadas directamente por las inundaciones producidas por el río Cauca en cada temporada invernal. En otras palabras: una enorme cifra de 131 mil hectáreas de tierras fértiles de la parte plana quedaban inhabilitadas para labores agrícolas y ganaderas.Corrían los primeros años de la década de los 50 del siglo pasado y la planicie del valle geográfico del río Cauca contaba con un millón doscientas mil cabezas de ganado establecidas en 215 mil hectáreas sembradas en pastos; además de 49 mil hectáreas cultivadas en caña y 31 mil en otros cultivos. No podía entonces darse el lujo de perder por causa de los inviernos periódicos, un metro de tierra cultivable.Un grupo de notables dirigentes vallecaucanos encabezados por Ciro Molina Garcés como secretario de Agricultura departamental primero y José Castro Borrero como alcalde de Cali inmediatamente después, acometen la ambiciosa idea de la adecuación de tierras del valle geográfico del río Cauca. Contratan entonces con la firma de ingenieros Parsons Brinckerhoff, Hogan & McDonald, de Nueva York, para rescatarlas de las inundaciones y atender sus recomendaciones consistentes en establecer un proceso con canales de irrigación y centrales hidroeléctricas que abarcaban embalses en las cuencas altas de los ríos Cauca, Anchicayá, Calima y Garrapatas, al estilo del Valle de Tennessee en los Estados Unidos. Se suma a ellos John McCloy, segundo presidente del Banco Mundial junto con un grupo mayor de vallecaucanos entre ellos: Manuel Carvajal, Harold Éder, Hernando Caicedo, José María Guerrero, Diego Garcés, Eugenio Castro y Luis Ernesto Sanclemente. Expertos del Banco Mundial y David Lillienthal, presidente de la Autoridad del Valle de Tennessee, insinúan conformar una entidad para manejar el ambicioso proyecto y es así como la dirigencia vallecaucana se traslada en pleno al Congreso de la República para batallar en procura del Decreto Ley 3110 del 22 de octubre de 1954 que crea la Corporación Autónoma Regional del Cauca, CVC, con vocación y objetivos especiales. Así comenzó este grandioso proyecto y la meritoria institución encargada de regirlo.Cualquier desprevenido transeúnte, no alcanza a vislumbrar siquiera que existen 1.400 kilómetros de diques o ‘jarillones’ a lo largo del río Cauca y sus afluentes en sus dos márgenes a su paso por la planicie. No los puede ver porque nadie se los muestra ni enseña. Además se encuentran mimetizados por el pasto y el bosque que los cubre. Ni qué hablar de las innumerables bombas de drenaje y los kilómetros de canales interceptores y de riego diseminados en su jurisdicción. Esto y mucho más ha realizado técnicamente la CVC con profesionales de múltiples ramas de las ciencias agrarias y de la ingeniería durante los últimos sesenta años de paciente labor, en que los vallecaucanos han pagado juiciosamente sus impuestos destinados a la realización de este ejemplar proyecto, jamás repetido en Colombia.Que en los últimos años las nefastas garras de la mala política hayan distorsionado y empañado su imagen, es innegable. Pero eso no da pie para desconocer su épica labor, fácilmente evidenciable por quien recorre el territorio vallecaucano. Asombran las magníficas autopistas que posee el Valle del Cauca, que no han sido construidas por la CVC por supuesto, pero más asombran al constatarse que fueron construidas, en su mayoría, sobre selvas, ciénagas, pantanos y humedales. Algo va de Pedro a Juan. Los nacidos en los últimos 40 años no tienen por qué saber todo lo dicho; hay que explicárselos. Y le corresponde a la misma CVC hacerlo, a riesgo de conservar la imagen que actualmente tiene.

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