¿Cuándo comenzó?

¿Cuándo comenzó?

Diciembre 26, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

La deforestación del país comenzó hace diez mil años, desde el momento cuando aparecieron los primeros humanos cazadores recolectores que se establecieron en lo que ahora es Colombia. Desde su asentamiento en los diferentes pisos térmicos emprendieron la tala de la selva y la montaña con elementos rudimentarios de piedra, igual que con el fuego en un proceso de milenios. Ellos iniciaron ese proceso con el objetivo primario de supervivencia, porque los pequeños claros de monte que abrían, los destinaban para levantar sus minúsculos rancheríos y tratar de ‘domesticar’ cultivos para su alimentación y nada más. Desde aquellos tiempos existían los fenómenos del Niño y de la Niña y los aborígenes soportaban sus efectos y se acondicionaron a ellos para poder avanzar en el desarrollo de la agricultura primaria del maíz, la yuca, el fríjol, la papa y el algodón. Los científicos investigadores han encontrado en toda la geografía nacional, testimonios que lo comprueban.Era razonable el pequeño desmantelamiento de monte por parte de los antiguos habitantes de lo que hoy es Colombia. Les faltaban siglos para conocer el término ‘biodiversidad’. Como también fue razonable entonces el desmantelamiento de las montañas de lo que hoy son Europa, Asia, África y el resto del mundo en aras de la civilización. Al arribo de los conquistadores europeos en tropel, españoles para el caso colombiano, hace 500 años, comenzó en firme la deforestación de este pedazo de territorio de la América del sur. Encontraron en Colombia riquísimas minas, infinitamente superiores a las de oro y plata de México y Perú. Eran las minas de árboles y recursos hídricos, hasta ahora no igualados por cualquier otra nación sudamericana. Tampoco conocían el término ‘biodiversidad’, pero ya lo sentían.Fue entonces cuando aprovecharon las herramientas de labranza para acometer la tala y la quema de gran parte del territorio nacional, hasta cuando se cansaron de hacerlo y se dedicaron a matarse en el período comprendido entre la Independencia y la República. Ya entrado el Siglo XX, apareció el término ‘biodiversidad’, hasta ahora no aprendido en su verdadera dimensión, que nos arropa a todos y del cual no hemos entendido que bajo nuestros pies está el famoso Dorado, aquel que buscaron los españoles conquistadores y que nunca encontraron, por la sencilla razón de encontrarse parados encima de él.Completamos 50 años matándonos por un socialismo mal entendido, con una dirigencia estatal incomprensible, que prefiere taponar las heridas del invierno con cuantiosos recursos, sin autoridad para obligar la reforestación de nuestras cuencas, donde se encuentran todavía las minas hídricas más valiosas del planeta y evitar así que nuestros nietos repitan con vergüenza la historia.Existen dos cuencas fácilmente observables desde donde se ciernen grandes amenazas. Una es la del río Cali. En su cabecera existen tala de bosque y asentamiento poblacional ante la mirada complaciente de las autoridades ambientales y de la Alcaldía. ¿Hasta cuándo la población de Cali es sometida a tamaño riesgo?La otra, es la cuenca del río Cerrito. A espaldas del monumento nacional la Casa del Paraíso, el río forma un recodo donde deposita año por año materiales que recoge de árboles y derrumbes. No está lejos el día en que la colmatación desborde la vertiente sobre la casa, para ocasionar la mayor tragedia cultural y turística en Colombia. Y no es terrorismo.

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